Foto: Sara Gómez | ¡Pacifista!

Marta Rodríguez es una leyenda del cine colombiano. Inspirada por Camilo Torres, el sacerdote fundador de la facultad de sociología de la Universidad Nacional, se convirtió en la primera documentalista del país. Entre sus obras más recordadas están Chircales (1966-1972), un retrato del trabajo infantil y Nunca más (2001), un espacio de construcción de memoria para las comunidades afectadas por la guerra en el Urabá antioqueño y Chocó. Rodríguez lleva más de 40 años registrando el conflicto y la historia de sus víctimas. Sin embargo, su última producción titulada La sinfónica de Los Andes, que verá la luz en noviembre, es diferente.

En su nuevo film, la documentalista viaja al norte del Cauca para contar tres crónicas de resistencia a la guerra, ambientadas por un proyecto musical que reúne a varios adolescentes con el fin de alejarlos de los grupos armados. Para Marta Rodríguez, trabajar en esa región fue como volver a casa, pues gran parte de su vida la ha pasado allí, buscando historias y abriéndole un micrófono a las comunidades indígenas y a los campesinos. ¡Pacifista! habló con ella sobre este nuevo proyecto.

Marta, usted ha contado diferentes historias con respecto a la guerra en Colombia ¿Cuál es la diferencia entre este documental y el resto de su filmografía?

El contraste. Nosotros tenemos tres crónicas muy duras. Tuvimos que decidir entre diversos hechos violentos que han acabado con las vidas de niños en medio de la guerra. Por ejemplo, está la historia de una niña que murió después de pisar una mina antipersonal, ese dolor es inimaginable. También está el relato de una pareja cuya casa fue impactada con una granada En el hecho falleció su hijo de cinco años, además, la mujer quedó en coma y perdió al niño que estaba esperando. Su esposo pensó que ella se iba a morir, pero un día despertó y ambos formaron un hogar de nuevo. Son crónicas que muestran el dolor de la violencia, pero también la esperanza que existe en la gente del Cauca. Todos los relatos están acompañados por los niños de la sinfónica de Los Andes.

 

La realización de este documental lleva cuatro años. Imagen: Cortesía Marta Rodríguez.

Hablando de la esperanza, usted trabajó durante años en un país donde la paz parecía lejana, ahora, aunque la guerra no acaba del todo, hay una oportunidad de reconciliación ¿Ha sentido alguna diferencia al trabajar durante las negociaciones y la implementación del acuerdo de paz?

Sí, antes, cuando estábamos en territorio, siempre veíamos retenes de la guerrilla y de otros actores armados. El año pasado estuvimos dos meses y por primera vez no vimos nada de eso, aunque lo más importante es la reacción de la gente. Yo me acuerdo que en el Cauca, cuando se acercaban los del frente Jacobo Arenas la gente se moría del susto. Vivir allá era una pesadilla, pero ahora eso ha cambiado muchísimo. Nosotros hemos conocido gente que lo ha perdido todo, que trata de construir su vida entre las ruinas que dejó el conflicto.

Después de recopilar esos testimonios ¿Qué sensación le queda sobre el perdón y el fin de la guerra?

Durante este trabajo de cuatro años, además de los 40 años que llevo trabajando en el Cauca me he dado cuenta de que la gente es muy bonita y tiene un corazón muy puro. Sí, es cierto que algunos todavía piensan en venganza, por ejemplo al hombre que perdió a su hija por una mina nos contaba que la guerrilla le envió plata para el entierro, eso es muy doloroso. Pero la mayoría cree en la superación del conflicto y en el perdón, eso nos deja una enseñanza muy bonita con respecto a la implementación de los acuerdos. Es que ver la guerra desde el terreno es muy diferente, aquí aún hay una brecha muy grande que no permite un entendimiento sobre el conflicto armado, la idea es cerrarla.

¿Cómo cerrar entonces esa brecha?

Justamente con este tipo de documentales. Esta es una forma de acercar a la gente a ese Cauca que no conoce, aunque en Colombia eso es muy complicado. Aquí se apoya la ficción, pero proyectos como el nuestro no reciben casi ningún apoyo. Todos los que han colaborado con este documental han sido extranjeros. Yo presenté mi idea aquí en tres ocasiones, ese fue el mismo número veces que me lo rechazaron. Nosotros no hacemos esto para ganarnos un Oscar, lo hacemos para que la gente conozca su país, es que ¿Quién no se enamora del Cauca? Ese es un lugar mágico.

Marta y su equipo han llevado sus documentales a las comunidades vulnerables con el fin de que ellas conozcan su historia, ahora espera hacer lo mismo. Foto: Cortesía Marta Rodríguez

Después de ese rechazo en tres oportunidades, el proyecto siguió adelante ¿Cómo lograron desarrollarlo a pesar de la falta de apoyo en el país?

Buscamos apoyo en países como Bolivia, en donde se enamoraron por completo del proyecto, además hemos adelantado una campaña de recaudo de fondos para que las personas que quieran apoyarnos lo puedan hacer a través de una página web. Ha sido un proyecto lleno de luchas, como todos los que he realizado. Ya estamos en etapa de posproducción, pero hay otras cosas que aún debemos hacer.

¿Qué hace falta entonces?

Debemos regresar al Cauca, porque desde la última vez que estuvimos allá han pasado muchas cosas. Por ejemplo, encontramos que una de las mujeres fundadores del Consejo Regional Indígena del Cauca está viva, ese es un gran testimonio porque ella es parte fundamental de la historia de esa región y hace parte del trabajo que hemos realizado durante toda una vida.

Una vez llegue noviembre y el estreno se realice ¿Qué pasará con el documental?

Haremos lo que siempre hemos hecho: lo llevaremos para que los caucanos lo vean. A mí me encanta entregar ese material a los protagonistas, de hecho por eso es que me quieren tanto allá y puedo hacer mi trabajo con absoluta cooperación de la gente, porque yo les he dejado memoria histórica, porque les he ayudado a construir los relatos de sus luchas.

 

Marta y su equipo reciben donaciones a través de IndieGoGo. Si quiere más detalles, haga click aquí.

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