Rosmin Galindez en el consultorio de su ginecólogo. Busca esterilizarse con tan sólo 25 años. Foto: Aitor Sáez | ¡Pacifista!

“¿Me va a doler? ¿Más adelante puedo volver a tener hijos si quiero? ¿Cuánto cuesta?”. Son algunas de las preguntas que Rosmin Galindez le hace a su doctor. Está decidida a esterilizarse a sus 25 años. Con dos hijos, para ella, “traer otro al mundo con esta situación es hacerlo sufrir”.

Cuando hace dos años Rosmin dio a luz a su segundo bebé por cesárea pensó en ligarse las trompas, pero finalmente se arrepintió. Ahora la galopante crisis económica y escasez que atraviesa Venezuela la han llevado a tomar esa decisión: “No se consigue ni la comida ni medicamentos para uno, tampoco para lo que el niño necesite. No le vamos a dar cualquier leche porque se enferma, es una lucha demasiado dura”.

Pese a que no existen datos oficiales, varios de los médicos y expertos consultados apuntan a que cada vez más mujeres optan por la esterilización quirúrgica como alternativa ante las dificultades de acceso a métodos anticonceptivos y de sustentar a un bebé. Trabajadores de Plafam, asociación de Planificación Familiar, afirmaron a la agencia Reuters en agosto pasado que en 2015 atendían uno o dos casos por semana, mientras que en ese momento llegaban cinco mujeres por día interesadas en esterilizarse. Además, como en el caso de Rosmin, las pacientes deciden suprimir su capacidad reproductiva a edades cada vez más tempranas.

A la larga resulta más económica la esterilización que el uso de métodos anticonceptivos. En Venezuela, una caja de preservativos cuesta unos 10.000 bolívares (bs) y las pastillas por un mes unos 15.000 bs, el 10 por ciento del salario mínimo (148.638s). Prácticamente sólo se consiguen en el mercado negro. Mientras, una esterilización en una clínica privada, en zonas populares, asciende a los 500.000 bs. “Es un esfuerzo enorme, pero buscaré la manera de pagarlo. Al final es más barato que los métodos anticonceptivos, que cada vez suben más de precio”, asegura Rosmin.

Rosmin durante su visita con el doctor Luís López para preparar su esterilización. Foto: Aitor Sáez ¡Pacifista!

Rosmin durante su visita con el doctor Luís López para preparar su esterilización. Foto: Aitor Sáez | ¡Pacifista!

Otra mujer, Solomé Rodríguez, explica que en su caso fallaron las píldoras que vende el gobierno a precio regulado. “Compré unas pastillas en los cubanos (como se conocen los centros médicos estatales donde se entrega ese método) y quedé embarazada. A veces venden condones y pastillas caducados”, afirma.

Más grave aún: todo apunta a que cada vez más mujeres optan por el aborto provocado, a menudo mediante procedimientos riesgosos, como preparados de hierbas caseros o introducción de ácidos vía vaginal, pues el aborto es ilegal en Venezuela, como en la mayoría de países de la región. Rosmin se interrumpió un embarazo ante el pánico de no poder mantener al recién nacido. “Hay señoras que hacen unos mejunjes y uno se los toma. A mí no me pasó nada, pero tengo una compañera que empezó a sangrar y tuvo que ser ingresada de urgencia en el hospital”, cuenta.

El doctor de Rosmin, el ginecólogo Luis López, afirma que la esterilización pasa a ser una alternativa al aborto provocado. “Los preparados de hierbas provocan una dilatación del cuello uterino y sangrado de hasta tres días. En emergencias hemos llegado a recibir mujeres desangradas en estado de shock y cercanas a la muerte”, advierte este médico que antes trabajaba en la salud pública y optó por abrir su propio consultorio debido al bajo salario que recibía.

En su pequeño dispensario en La Guaira, barrio popular a las afueras de Caracas, atiende a población humilde. “Muchas mujeres tienen parejas poco estables y se dan cuenta que acabarán criando solas a su bebé. Hay madres solteras con tres y cuatro muchachos. Así que ven la esterilización como la única solución. Les sale más barato que los métodos anticonceptivos, aunque limitar la fecundidad de una mujer jamás debería depender de razones socioeconómicas”, considera.

“Antes venían mujeres de 30 a 35 años, pero ahora ya vienen pacientes de 24, con apenas un hijo. También hemos visto que, ante el complicado acceso a preservativos, los embarazos se producen a edades más tempranas, en adolescentes”, asegura López. En la recepción aguardan Nayaney y Jorge, una pareja de ingenieros que esperan a su primer hijo en un mes. “Aunque teóricamente somos clase media, sufrimos las mismas dificultades de escasez. Llevamos todo el embarazo haciendo colas para hacer acopio de pañales y medicinas”, cuenta la mujer. Ambos ya están pensando en la esterilización, en este caso del hombre, que resulta más accesible.

Sala del Hospital del Niño, el mayor centro materno-infantil de Caracas, con material abandonado debido a la falta de recursos. Foto: Aitor Sáez ¡Pacifista!

Sala del Hospital del Niño, el mayor centro materno-infantil de Caracas, con material abandonado debido a la falta de recursos. Foto: Aitor Sáez | ¡Pacifista!

La ley venezolana restringe la esterilización femenina a ciertas edades y según el número de hijos. Los centros públicos hace meses que no practican esa operación debido a la falta de recursos, a menos que sea por motivos médicos. Así lo confirma a ¡Pacifista! Gustavo Millán, uno de los coordinadores del hospital estatal Maternidad Concepción Palacios, en Caracas: “La falta de insumos nos ha obligado a limitar la esterilización quirúrgica a casos extremos, pero eso no quita que cada vez más mujeres que dan a luz nos pregunten por la posibilidad de realizarse esa operación”.

El especialista reconoce que la difícil accesibilidad al tratamiento de planificación familiar ha provocado una elevada incidencia en embarazos de adolescentes, así como de abortos peligrosos. Y advierte de posibles alteraciones del feto derivadas de la desnutrición de embarazadas por la escasez de comida: “Un crecimiento fetal adecuado está relacionado con una alimentación adecuada. En un país en donde tienes limitaciones de acceso a alimentos y a una dieta balanceada, muy probablemente el producto de ese embarazo puede tener complicaciones, como alteraciones físicas e incluso mentales que sería interesante estudiar a futuro sobre la generación actual”.

Rosmin es una de las miles de venezolanas que padece a diario por alimentar a sus hijos, Misaol, de dos años, y Thiago, de nueve. “Mi marido se quedó sin empleo, yo también estoy buscando. Hemos pasado muchas calamidades en cuanto a la comida. Conseguir las cosas es desesperante”, afirma la mujer, mientras se le escapa un sollozo. Como tantos otros venezolanos, esta madre piensa en emigrar, en su caso a Panamá, donde ni Misaol ni Thiago tendrán más hermanos. Ante estas tendencias en la natalidad, afectaciones en fetos y emigración, el impacto en la evolución de la población todavía resulta impredecible, aunque los médicos alertan de efectos significativos a futuro.

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