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Oscuro Animal. Foto cortesía: Mutokino.

Oscuro Animal. Foto cortesía: Mutokino.

 

Ninguna historia que tenga que ver con desplazamientos, masacres, violaciones y abusos parece irreal. Por lo menos no en Colombia. Probablemente, lo que cualquiera se pueda imaginar ya le sucedió a alguien en algún lugar de este país, en algún instante del medio siglo de conflicto que hemos padecido. Aquí, cualquiera podría ser protagonista de este drama: Oscuro Animal.

Esta es una película que narra las historias de tres mujeres. Tres historias paralelas en la que cada una de ellas debe enfrentar un tipo de violencia particular. Los efectos de la violencia son los mismos: lloran, se recomponen y huyen hasta encontrar algo de tranquilidad para volver a empezar.

La película es un viaje del campo a la ciudad. El recorrido resulta agónico, angustiante, se siente en el cuerpo. Es algo así como tirarse en aguas profundas e intentar salir sin éxito, sentir que la superficie sigue lejos, que el cuerpo no avanza, que no es posible. Es sentirse morir y, en el último momento, justo antes de desfallecer, inhalar con fuerza y exhalar. Respirar. La muerte puede esperar más.

Oscuro Animal es una metáfora para ese miedo invisible que nos rodea y nos acecha; que narra el conflicto a través de sensaciones. Que no necesita de sangre para mostrar la sevicia y el dolor. Es sentarse frente a frente con la guerra y dejarla entrar, vivirla en el cuerpo. Es una historia con esperanza pero sin final feliz. Es la historia de alguien, seguro, así haya sido escrita como una ficción.

Es además, la ópera prima de Felipe Guerrero, un caleño que estudió cine en Bogotá, se especializó en Roma y ahora está radicado en Buenos Aires. Esto fue lo que nos contó sobre la película:

 

NO VOLVER A UTILIZAR.

Oscuro Animal. Foto cortesía: Mutokino.

 

¿Por qué decidió contar esta historia a través de las mujeres?

El proceso de investigación para la película giró mucho alrededor de los testimonios de las víctimas, de los sucesos violentos que les habían pasado y eso me hizo darme cuenta que las mujeres estaban en el ojo del huracán, en el centro de la guerra, prácticamente. Siempre han sido las más desprotegidas, pero también las que de una u otra manera llevan consigo esa semilla que empuja hacia adelante. Me centré en el universo de las mujeres que sufren un impacto violento y logran, de una u otra manera, salir adelante.

 

A lo largo de la película se sufre mucho…

Es una película muy sensorial y corporal, que propone una empatía con el espectador desde un punto de vista muy físico. Es una película que apuesta por abrir una ventana a ese universo femenino resistente. Y creo que al final, siendo muy dura, es una película muy esperanzadora, donde se tocan fibras dolorosas pero también se tocan unas en donde sientes que hay esperanza, un camino por seguir.

 

 

Pero es difícil narrar la violencia en un país donde, precisamente, esa violencia hace parte de la cotidianidad. La vemos a diario y nos volvemos indiferentes…

Uno de los trabajos que eran importantes para nosotros como equipo era siempre ver cómo representar los actos violentos. Esa era una gran pregunta que siempre estuvo y que todavía está. El cuestionamiento siempre ha estado en el límite entre lo estético y lo ético. Nos cuestionamos siempre las maneras de representar la violencia en Colombia, pues estamos invadidos de ese tipo de imágenes. De repente el cine ha provocado eso también, el exceso de imágenes ha hecho que pierdan sentido. Con este proyecto intenté transmitir esa afección, esa dolencia que queda en el interior de las víctimas.

 

Es un asunto de empatía, lograr que el espectador sienta el dolor que deja la violencia…

Tratamos siempre de entender o de proponer una manera de representación que esté sintonizada con el descubrir, con consentir ese dolor que tienen las víctimas adentro; y no ahondar en una representación que ha perdido valor.

 

La película es un contraste entre la belleza de los paisajes y lo impactante de las tres historias…

Hay una dualidad entre esta presencia violenta, peligrosa y sangrienta que está presente en la atmósfera de la película y el ambiente, ese escenario de belleza. La película trabaja sobre eso, cómo el mal está en el bien y cómo se convive con esto. Eso, en definitiva atañe mucho en este país.

 

 

¿Dónde se grabó?

En el Magdalena medio, en el Quindío y en Bogotá.

 

¿Cuánto se demoró la realización de la película?

La investigación, el proceso de escritura y la construcción de las emociones fue un proceso muy lento, de una digestión muy paulatina que tenía que ver con mi relación con el país, con el sentimiento que tenemos cada uno con lo que pasa y con nuestras historias personales. Esa parte empezó más o menos en 2005. El resto se demoró alrededor de 4 o 5 años.

 

Hablando un poco de esas sensaciones que tiene con el país, ¿cómo las definiría?, ¿cuáles son?

Tienen que ver con el dolor, la ausencia y la violencia. Pero también con la fortaleza, con la resiliencia, con la alegría y la esperanza. Son los dos pivotes sobre los que se realizó la película.

 

¿Qué efecto imagina en la audiencia?

Me gustaría pensar que la película obviamente genera dolor porque así son las historias, muy dolorosas, pero también creo que se enfoca en cómo esas mujeres logran salir adelante frente a lo que les pasó y lo que les circunda. Que la gente siente esa metáfora de este oscuro animal que está alrededor de ellas, que está en la atmósfera y en cualquier momento puede atacarlas.

 

Es una historia esperanzadora pero no de final feliz …

La película trabaja sobre la omisión, sobre lo que no se ve. Empieza después de un impacto violento y termina después de que ellas logran encontrar una salida a sus vidas. No sabemos qué pasó antes ni qué va a pasar después. La película busca generar en el espectador no solamente una desazón, sino también una pregunta en la que se responda si esas tres mujeres están mejor de lo que estaban antes.

 

La película no tiene muchos diálogos, tampoco los necesita. Pero tiene una música bastante explícita, además agresiva y estruendosa…

Yo quería que el personaje masculino que acompaña a una de las chicas fuera un personaje musical, que en su auto escuchara música pero no tenía muy claro qué tipo de música quería usar y de repente surgió La Pestilencia. Le presentamos la película a Dilson -uno de los fundadores de la banda-, y quedó supremamente enamorado, dijo que las canciones funcionaban como si prácticamente él las hubiera escrito para la película. Es una música muy disruptiva, de cierta manera violenta y estruendosa, con mucha virulencia. La película trabaja este ambiente de silencios, de abstracciones sonoras donde no escuchamos que se diga palabra alguna y creo que en ese espacio la música me ayudaba a provocar en el espectador cierto tipo de desazón.

 

NO VOLVER A UTILIZAR.

Oscuro Animal. Foto cortesía: Mutokino.

 

*Oscuro Animal ya fue presentada en la Versión 31 del Festival Internacional de Cine de Guadalajara y se llevó los premios a Mejor Película Iberoamericana de Ficción, Mejor Director Iberoamericano, Mejor Actriz y Mejor Fotografía. También recibió el Premio Internacional de la Crítica FIPRESCI en la 16° versión del MFF T-Mobile Nowe Horyzonty en Wrocław, Polonia,  y recientemente fue seleccionada en la 64° edición del Festival de San Sebastián en la sección Zabaltegi.

 

En Colombia se estrena el 29 de septiembre. Si quiere saber más haga click aquí.

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