“La combinación de dictadura, corrupción, pobreza y desempleo han creado esta revolución. Es como un volcán”, dijo Tawakkul Karman en marzo del 2011, cuando su país ardía en protestas contra el régimen del presidente Ali Abullah Saleh. Desde el periodismo, desde el feminismo y desde la defensa de los Derechos Humanos lideró la “Revolución de Jazmín”, la versión yemení de la Primavera Árabe.

Su revolución es evidente. Camina por las calles de su tierra, o de Europa, o de Bogotá, con una Hiyab —un pañuelo usado por las mujeres musulmanas para cubrirse la cabeza, según la Real Academia de la Lengua— cuando todas sus compatriotas deben portar una Niqab —“un conjunto de color negro que se compone de un amplio tocado para el cabello y el cuello, un velo que recorre la cara de oreja a oreja y tapa la nariz y la boca dejando al descubierto la fina franja de los ojos”, dice un artículo de El Mundo de España.

Nos encontramos con ella en la decimosexta Cumbre de Premios Nobel de Paz en Bogotá, para que nos contara su experiencia como líder en una sociedad cargada de machismo y patriarcado, y para escuchar de su boca algún consejo a esta sociedad que pretende dar el salto hacia el posconflicto. Era una de las más buscadas de los casi 20 laureados que asistieron al evento, pero abrió un espacio en su agenda para charlar con nosotros.

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