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Cinco líderes campesinos de comunidades que han vivido de cultivos de uso ilícito aconsejan a los candidatos a la presidencia sobre cómo solucionar el problema.

Se habla mucho sobre el problema de la coca, pero pocas veces se oyen las voces de quienes viven o han vivido esa realidad de primera mano.

En tres semanas se definirá la elección presidencial entre Iván Duque y Gustavo Petro, dos candidatos que están en lados distintos del debate sobre cómo solucionar el problema de la coca. Mientras Duque propone que la principal estrategia sea regresar a métodos forzados como la aspersión aérea y la erradicación manual forzosa (que en el pasado dieron magros resultados), Petro propone continuar con el programa de erradicación voluntaria y sustitución que se inició tras el Acuerdo de paz, así como impulsar la industrialización a partir de usos legales de la coca.

Proyecto Coca habló con cinco líderes campesinos –de distintos rincones del país– provenientes de comunidades que han vivido de cultivos de uso ilícito como la coca y la amapola. Esto es lo que ellos le recomendarían a Petro y a Duque.

La gente no llega a la coca por falta de dinero sino por falta de acompañamiento y oportunidades

Hernando Chindoy

Líder del resguardo inga de Aponte (Nariño), que sustituyó 2 mil hectáreas de amapola por café especial y abrió el Café Wuasikamas en Bogotá para venderlo

Yo recomendaría que no haya dos cosas: fumigación y el paternalismo de entregar subsidios directos.

¿Qué necesitamos? Que el Estado genere políticas públicas que desarrollen las capacidades de los campesinos, sobre todo de jóvenes y mujeres. En el caso de los jóvenes hijos de campesinos, deberían tener la capacidad de ingreso directo a universidades para tener conocimientos más técnicos.

Necesitamos que se fortalezca la salud, la educación y, sobre todo, la infraestructura productiva. Que haya desde plantas de procesamiento y empacado en los mismos territorios hasta vías y mecanismos de acceso a mercados, porque –por ejemplo– en Iscuandé, Santa Bárbara y El Charco hay muy buen plátano y cosechan todo el año pero termina pudriéndose porque nadie puede sacarlo por vía fluvial. Necesitan una planta para transformarlo.

¿Por qué subsidios no? Porque lo que necesitamos es capital semilla para emprendimientos y acompañamiento en todos los procesos de registro de marcas y de ida a ferias, en la formalización con DIAN y Cámara de Comercio, y ojalá un tratamiento diferencial para el campo en temas de impuestos porque a duras penas logramos arrancar nuestras empresas. Está demostrado, desde nuestra experiencia, que la gente no llega a la coca por falta de dinero sino por falta de acompañamiento y oportunidades.

¿Por qué fumigación no? Porque Colombia tiene que manejar una política de no contaminación del ambiente y, al fumigar, estamos haciendo eso. La tierra también ha sido víctima del conflicto armado y la mayor parte de nuestra biodiversidad está en esas regiones. En vez de matarlos y destruir la selva, necesitamos un mayor grado de protección e incluso oportunidades.

 

El enfoque concertado no es alcahuetería sino entender las necesidades y potenciales de las comunidades.

Wilmar Moreno

Líder comunitario de Briceño (Antioquia), el municipio donde arrancó el programa de erradicación voluntaria y sustitución de coca

Como dije hace poco en la Comisión Primera del Senado, para nadie es un secreto que hay problemas y dificultades en la implementación. Estas críticas son muy importantes porque necesitamos que el programa de sustitución no se quede cojo y para que no volvamos a lo mismo de antes que no ha funcionado.

La política antidrogas forzada, llena de dólares, no ha sido viable. Yo he visto a Briceño cuando pasaban las avionetas fumigando y ahora, que fue el primer municipio piloto para erradicar la coca. Vimos la coca en el suelo con la raíz encima, arrancada de manera voluntaria. Y podemos hacer la comparación, ¿cuántas muertes, cuántos niños mutilados, cuántos actores ilegales nos hemos podido ahorrar?

Todavía vemos los errores de la falta de coordinación del Estado, pero vemos cómo es mucho más integral la política voluntaria. Necesitamos salir de lo ilícito y convertirlo en oportunidades: a eso llegamos mediante soluciones y mediante diálogo. El enfoque concertado no es alcahuetería, como dicen algunos, sino entender cuáles son las necesidades y los potenciales de las comunidades. Comunidades que muchas veces están a dos o tres horas por camino de herradura de los centros poblados, con las dificultades que eso significa para sacar el café, el cacao o el plátano y traer los insumos.

Necesitamos más sustitución con las comunidades y que llegue el desarrollo. Si llega, los campesinos –sin ninguna necesidad de represión o de resistencia– cambian sus cultivos. Lo que buscamos son bienestar y garantías del Estado para poder producir y sacar los proyectos de vida familiares adelante.

 

Sin entender problemas de comunidades y trabajar mano a mano con ellas, cualquier programa será un fracaso

Sandra Lagos

Líder de la zona de reserva campesina de La Perla Amazónica en Puerto Asís (Putumayo), uno de los cinco municipios con más coca en el país

El proceso de paz es lo más importante para nosotros, sobre todo sus puntos 1 (de desarrollo rural) y 4 (de solución al problema de las drogas). Son fundamentales para el desarrollo de las comunidades y para poder sustituir el mal uso de la coca.

Sin alimentación y sin desarrollo, es muy difícil para nosotros erradicar esta problemática. El Putumayo y Puerto Asís han sido muy golpeados por la coca: llevamos 20 años y no se ha visto el cambio. Sabemos que se ha inyectado mucho presupuesto, pero que eso no ha llegado a las comunidades. El problema, entonces, sigue siendo el mismo hoy.

Si no se entienden los problemas reales de las comunidades (la falta de comercialización, de centros de acopio, de vías de acceso) y no se trabaja mano a mano con ellas, cualquier programa para la coca va a ser un fracaso. En este momento estamos creyendo en esa propuesta de sustitución que es importante para nosotros. Nos hemos acogido porque vemos que es posible.

 

La erradicación forzada y la fumigación no dejaron sino más cocales

Carlos Humberto Romero

Líder campesino y presidente de la asociación de juntas de acción comunal de San José del Guaviare

Nosotros en el Guaviare pedimos dos cosas: seguridad y sustitución voluntaria.

¿Por qué seguridad? El nuevo gobierno tiene que trabajar en control de los grupos armados que siguen vacunando y controlando. Hay campesinos que quieren acogerse al programa de sustitución, pero esos grupos se los han impedido.

¿Por qué sustitución? A los campesinos hay que brindarles oportunidades. La erradicación forzada y la fumigación no dejaron sino más cocales: no pasaban ocho, quince o veinte días y la gente ya estaba metiéndose dentro del monte a volver a sembrar. Es un tema de nunca acabar.

De resto, seguirá siendo malgastar la plata y el campesino quedando en el medio. En una zona donde se está erradicando forzosamente, ayer un joven pisó una mina que habían sembrado los grupos armados y quedó herido en la pierna, por lo cual le están haciendo cirugía en el hospital local ahora. En esa confrontación entre disidentes y el Ejército los que quedan en la mitad son las comunidades.

A los campesinos hay que plantearles soluciones y alternativas económicas: es la única manera de que salgan del problema. No tienen que ser solo de cultivo: podríamos cuidar el bosque acá del Guaviare, como guardabosques, o vivir de los frutos amazónicos de la selva.

Pero todo eso requiere fortalecer –y no debilitar– los programas de sustitución: con el conocimiento histórico de su tierra, unido a la asistencia técnica, los campesinos tendrían muy buenas cosechas. Con encadenamiento y la comercialización, esos son productos vendidos en el mercado y bienestar para todos.

 “Necesitamos un ejército pero no con fusiles, sino de técnicos con lápices”

Juan Antonio Urbano

Cacaotero de Pauna (Boyacá) y líder de la Red Nacional de Cacaoteros, que reúne a campesinos que sustituyeron coca por cacao

Lo que más necesitamos es inclusión, más que social, económica y productiva.

Nosotros llegamos hasta la producción primaria, pero ahí es donde más necesitamos apoyo. No en abrir mercados, porque muchos ya existen, sino en poder acceder a ellos de manera equitativa. Eso es lo que impide que los campesinos sigamos en la pobreza y el atraso.

Los cultivos ilícitos hay que erradicarlos de la mente, pero eso solo se logra con educación financiera, con asistencia técnica, con apoyo empresarial. Con presencia del Estado, pero no únicamente militar. Necesitamos un ejército pero no con fusiles, sino de técnicos con lápices.

Y necesitamos poder participar en la planeación de nuestro territorio, porque en la capital hacen una planeación técnica que muchas veces desconoce los territorios y sus condiciones agro-ecológicas. Necesitamos que la voz del campesinado sea escuchada.

 

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