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#OPINIÓN | Tenemos que construir otras formas de gobernar y de hacer política en las que los derechos de los animales se integren, orgánicamente, con visiones alternativas de sociedad.

Por: Andrea Padilla Villarraga*

El interés por la protección a los animales ha crecido considerablemente en Colombia durante la última década. Los numerosos debates que suscitó la primera sentencia de la Corte Constitucional, en 2010, sobre corridas de toros y otras prácticas crueles con animales hicieron evidente que existía en el país un sentimiento mayoritario de rechazo a estas formas de violencia. Como era de esperarse, la sentencia y las reacciones que suscitó alimentaron la discusión pública, convocaron a los medios de comunicación y vigorizaron los colectivos sociales que trabajan por los derechos de los animales. Desde entonces, se han introducido algunos temas en las agendas políticas del Congreso y de los gobiernos locales: a la fecha, la notable movilización legal ha dejado dos leyes y al menos diez sentencias judiciales relevantes.

Y todo eso, claro, ha estado acompañado de un activismo creciente favorecido por las redes sociales, donde la movilización ha encontrado canales de convocatoria, sensibilización, información y denuncia.
En suma, puede hablarse de un cambio social que viene ocurriendo hace unos años en el país con respecto a la consideración moral de los animales. Un cambio que, además, se viene manifestando en nuevos focos de interés entre ciudadanos principalmente jóvenes.

El crecimiento de este tema en la opinión pública podría sugerir que lo tocante al trato a los animales tiene el potencial de convertirse en materia electoral. Es decir, que la protección animal podría figurar entre los asuntos de campaña de la actual contienda por la presidencia de Colombia.

Y no es para menos: según una encuesta realizada en 2017 por Cifras & Conceptos, el maltrato a los animales es uno de los doce temas que más indignan a los colombianos. El tema, que apareció por primera vez en la lista en esta ocasión, ocupó el noveno lugar y se llevó el diez por ciento de la votación. Es decir que más de cuatro millones de colombianos identificaron el maltrato animal como un fenómeno que ofende un consenso moral y que, al igual que otros temas como la corrupción, la desigualdad y la injusticia, despierta indignación.


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Sin embargo, a pesar de la relevancia del tema, las discusiones que han rodeado la contienda electoral aún parecen reacias a hablar del maltrato hacia los animales. Los candidatos presidenciales continúan limitando sus propuestas e intervenciones públicas a los temas tradicionales, ignorando otros, como este, que hacen parte de las nuevas valoraciones e intereses de algunos sectores sociales. Lo que resulta más paradójico es la resistencia a hablar de un tema que es capaz incluso de movilizar el voto: el tema del maltrato animal tiene su propio caudal electoral.

Además de la escasa importancia conferida al tema y de su aparición reciente en el debate público, dos hechos podrían ayudar a entender la indiferencia de los candidatos a la protección animal.

La primera es la muralla que levantan los temas dominantes y que ocultan otros intereses emergentes como el de los derechos de los animales. Sin desconocer que la seguridad, el empleo, la infraestructura o la salud son los asuntos que concentran las preocupaciones más apremiantes de los colombianos —impulsados por intereses gremiales y una cierta inercia de los medios tradicionales de comunicación—, es probable que la excesiva concentración en ellos tenga un efecto de saturación mediática sobre los temas electorales. Además, la polarización que intencionalmente producen y estimulan los candidatos sobre estas materias, genera un ruido que termina por acallar otros asuntos nacientes cuya circulación queda limitada a la opinión en las redes sociales.

En otras palabras, los grandes temas tradicionales les restan visibilidad a otras nuevas agendas.

La segunda explicación es la abrumadora desinformación institucional sobre las situaciones que vulneran las vidas y el bienestar de los animales. No existen cifras, datos diagnósticos y, mucho menos, caracterizaciones de los fenómenos de maltrato animal en el país. De hecho, algunos de ellos ni siquiera son considerados como expresiones de violencia; por ejemplo, los usos de animales que son revestidos con argumentos culturales, como las peleas de gallos, o los que están asociados a formas de trabajo, como la tracción animal. Por supuesto, esta falta de información oficial (cifras, datos, diagnósticos) hace que a los ojos de las instituciones del Estado el problema sea mínimo o inexistente.


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Ciertamente, lo que no se describe no existe. Lo que no existe no necesita de una política pública. Si no hay política pública no hay inversión del Estado. Y lo que no recibe inversión del Estado no entra en el radar electoral. Si a esta falta de registro y acción institucional le sumamos el desinterés de los candidatos, los temas relacionados con la protección a los animales quedan muy por fuera del radar.

Este panorama nos plantea un reto a los colectivos sociales en Colombia: el de continuar posicionando los derechos de los animales en la agenda pública nacional para promover acciones de estado.

Pero más importante aún es el reto de generar y asumir nosotros mismos nuevos liderazgos: otras formas que le hagan contrapeso a la falta de sintonización de la actual clase política con las nuevas reivindicaciones de las que hace parte la protección animal. Eso no quiere decir que los candidatos a la presidencia no entiendan y perciban el cambio social aunado a esas nuevas reivindicaciones, probablemente lo hacen, pero no las interpretan como clamores suficientemente válidos de una generación naciente que se relaciona con los animales y la naturaleza de manera ética.

Así pues, hemos de construir, incluso, otras formas de gobernar y de hacer política, en las que los derechos de los animales se integren, orgánicamente, con visiones alternativas de sociedad.

*Vocera en Colombia de AnimaNaturalis Internacional | Candidata PhD en Derecho de la Universidad de los Andes de Bogotá, Colombia | Twitter: @andreanimalidad

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