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El pasado 30 de marzo, el jefe negociador del Gobierno, Frank Pearl, y el del ELN, “Antonio García”, anunciaron el inicio de la fase pública de los diálogos. Foto: Archivo

Ha pasado más de un mes desde que el Gobierno y el ELN anunciaron en Caracas el inicio de una fase pública de conversaciones. Con una agenda de seis puntos y cinco sedes definidas, en Colombia se dio por sentado que la negociación arrancaría en cuestión de días y que el trabajo de la nueva mesa generaría un escenario más favorable para la implementación de los acuerdos con las Farc.

Sin embargo, la buena noticia se ha ido diluyendo con el paso de las semanas, cuando quedó claro que la liberación de los secuestrados es un inamovible del Gobierno. Y aunque el asunto se mencionó tras el anuncio de la nueva fase, en esa oportunidad el presidente Santos dio a entender que el problema se resolvería más temprano que tarde: “la fase pública de conversaciones comenzará en Ecuador, tan pronto queden resueltos unos temas humanitarios, incluido el secuestro”.

Las recientes declaraciones de las partes han demostrado que la liberación de los secuestrados es un obstáculo para el que no parece haber soluciones en el corto plazo. Para un sector de la opinión, es inaceptable que el ELN canjeara al exgobernador del Chocó Patrocinio Sánchez por su hermano Odín, que cobrara por dejar en libertad al asesor de la Gobernación de Norte de Santander Ramón Cabrales y que se negara a abandonar el secuestro como estrategia para financiar la guerra.

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La postura del ELN frente a la exigencia de liberar a los secuestrados quedó clara en la entrevista que su comandante, alias “Gabino”, le concedió al periódico Gara, del País Vasco. En ella, “Gabino” dijo que las partes no pueden poner condiciones para arrancar la negociación pública y que hacerlo sería ir “en contra del proceso de paz”. En el fondo está el argumento de que si el Gobierno no cedió en su posición de dialogar en medio de la guerra, no hay razón para que la guerrilla abandone sus métodos para financiarla.

Asimismo, el ELN ha dicho que los secuestrados ‘no son más importantes’ que el resto de las víctimas del ‘conflicto social y armado’, entre los que se cuentan los desplazados, las mujeres, los pobres y los presos. Al respecto, alias “Pablo Beltrán”, miembro del Comando Central del ELN, declaró el pasado 30 de marzo que “desafortunadamente en Colombia se ha venido dejando sobre el ambiente que hay dos dolores: uno que vale más y uno que vale menos”.

Mesa ELN

Aun cuando ha pasado más de un mes desde que se anunció el inicio de la fase pública, todavía no se tienen noticias de la fecha de la primera ronda de los diálogos. Foto: Archivo

“Gabino” también le dijo a Gara que exigirle al ELN que libere a los secuestrados le abriría las puertas a esa guerrilla para condicionar los diálogos a eventuales amnistías e indultos que favorezcan a los guerrilleros detenidos en “condiciones infrahumanas y muriendo por falta de atención médica”.

Del lado del Gobierno, Santos parece insistir en que tiene la llave de la negociación y en que, por ahora, ambas partes no están en igualdad de condiciones. Este miércoles, en entrevista con Caracol Radio y consultado por eventuales amnistías para los presos del ELN, el presidente negó esa posibilidad y dijo que “no nos olvidemos que nosotros representamos al Estado y que le estamos abriendo la puerta a un grupo insurgente para que deje las armas y siga haciendo política”.

Sobre el secuestro, el Presidente reconoció que fue él quien decidió dialogar en medio del conflicto. Sin embargo, dijo que “las guerras tienen sus reglas. Hay cosas que se aceptan y cosas que no, para eso se creó el Derecho Internacional Humanitario. (Allí) está estipulado que el secuestro no hace parte de las reglas”.

No obstante, hay otras normas del DIH que el ELN tampoco cumple y sobre las que el Gobierno no ha formulado exigencias, tales como no reclutar menores de 15 años, no atacar bienes civiles y no instalar minas antipersonal.

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Lo que está claro es que el Presidente no está dispuesto a recibir menos de lo que obtuvo de las Farc, que renunciaron al secuestro ocho meses antes que se instalara la mesa de conversaciones en Oslo (Noruega). Esa es, tal vez, una de las razones más poderosas para exigirle al ELN que entregue a los secuestrados, más aún si se tiene en cuenta que esa guerrilla es más pequeña y que ha sido percibida por buena parte de la opinión como una organización marginal.

Pero mientras las partes continúan dilatando el arranque de la fase pública, en las regiones persisten los temores por la continuidad de la guerra. Ya está claro que una vez se firme la paz con las Farc el Gobierno enfilará baterías contra el ELN y que el recrudecimiento del conflicto, sumado a la llegada del Estado a las regiones y a la implementación de los acuerdos de La Habana, le cortará oxígeno político y social a esa última guerrilla.

Como respuesta a la pérdida de espacios, es posible que el ELN sabotee la puesta en marcha de lo pactado en Cuba, que reclute a excombatientes de las Farc y que diversifique su accionar armado.

Por ahora, el país continúa a la espera de que se instale la primera ronda de los diálogos, que tendrá lugar en Quito (Ecuador). Entre más pasa el tiempo, menos posibilidades existen de que las dos mesas confluyan en un solo proceso que le ponga punto final al conflicto.

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