Foto: Mateo Rueda | ¡PACIFISTA!

Este artículo fue publicado originalmente en VICE Colombia

Por Felipe Sánchez Villareal

Todas las fotos: Mateo Rueda

El reciente anuncio de las alzas en el costo de la matrícula de la Universidad de los Andes para 2018 no ha caído nada bien entre los estudiantes. De 15.402.000 pesos, la matrícula semestral subirá en 2018 a 16.344.000 para todas las carreras, excepto Medicina, cuyo precio llegará a los 23.254.000 pesos.

La primera reacción ocurrió el pasado jueves 16 de noviembre: los estudiantes se congregaron en la Plazoleta Lleras y sostuvieron una Asamblea General, coordinada por los estudiantes y apoyada por el Consejo Estudiantil Uniandino (CEU), donde pusieron sobre la mesa las primeras propuestas y perspectivas posibles frente a la decisión del aumento. “Este proceso de movilización surgió de la indignación de muchos estudiantes que, a diferencia de lo que pasaba en años anteriores, decidieron no quedarse únicamente en las redes sociales”, cuenta Sebastián Leonardo Gafaro, estudiante de cuarto semestre de Ciencia Política, uno de los líderes y coordinadores de la movilización. “Con el apoyo de la gente logramos convocar unas trescientas personas a esa Asamblea General, a la cual también asistió el rector. Es una chimba ver cómo está creciendo esto”.

Este miércoles se llevó a cabo la primera toma cultural. Frente al edificio Mario Laserna, alrededor de 150 estudiantes llevaron pancartas y gritaron arengas para manifestar su inconformidad con la decisión. “A dieciséis, a dieciséis, ya le subieron a dieciséis”, gritaban. O “¡El que no salte dieciséis debe pagar!”. Los carteles incluían sentencias como: “Ni en tres vidas se paga”, “Endeudándonos por un sueño”, “Ni un milloncito más” o “Muchos doctores, pocos pedagogos”.

Acompañados de conjuntos de gaitas y con una larga bandera amarilla donde escribieron la cifra que deberán pagar el próximo año ($16.344.000), la modesta concentración se desplazó hacia los ventanales frente a la rectoría, mientras otros grupos de estudiantes los miraban desde afuera, algunos apáticos y otros en alegre complicidad. “Me parece una chimba, es la primera vez que pasa en mucho tiempo. Esta está particularmente bonita, no está ni violenta ni grosera, está contundente”, nos contó una estudiante de quinto semestre de Arquitectura. “Es nuestro puto derecho. Yo entiendo que cobren y que sí hay edificios e infraestructura. Pero hay mucha gente que está con las manos amarradas que no va a poder terminar su carrera. Es que es mucha plata”.

“Lo de hoy era una manifestación cultural para que la gente se entere de esta indignación, que si suben la matrícula salimos. Porque muchas veces no se sabe a dónde va esa plata”, dijo Sebastián Leonardo. “Y no solo salimos sino que proponemos: una es el congelamiento de la matrícula hasta que se garantice que esa plata que estamos pagando se vea reflejada en lo que recibimos”. Y esa idea de que no es claro a dónde va esa plata fue uno de los reclamos recurrentes de los manifestantes con quienes hablamos. Un estudiante de Contaduría lo resumió así. “Hay un problema más allá de la subida: que los estudiantes no tenemos ni idea de dónde va esa plata. Y es preocupante que este plantón esté tan pequeño, no hay casi apoyo. Así va a terminar como todos los años: sin que pase nada”.

A pesar del entusiasmo y la indignación de muchos, la sensación que dejó ese plantón fue agridulce. No solo por la baja participación, sino porque hay percepciones encontradas: algunos estudiantes que miraron desde el margen sí consideran justo y legítimo el aumento. Entre ellas, Laura García, estudiante de Administración, que nos dijo: “Yo sí estoy de acuerdo con la subida de la matrícula. La universidad está haciendo muchas inversiones en este momento, no solo aquí sino afuera, en sedes de otras ciudades, como Cartagena. Los planes de aquí a quince años son increíbles. Van a ampliar el campus, van a construir edificios, la inversión supera los diez mil millones. Esa plata tiene que salir de algún lado”.

Esa postura dialoga con la de Diego, estudiante de Economía que también vio el plantón desde afuera y afirmó que “comparando con universidades en Estados Unidos y en Europa, el sueldo para profesores de los Andes con doctorado y maestría de Cambridge o Yale es muy inferior. Pero entiendo que hay que comparar también las situaciones de ingreso de acá con las de Estados Unidos y Europa no son las mismas”. Un eco de las famosas declaraciones que el rector Pablo Navas hizo en Dinero: “La Universidad de los Andes no es tan cara comparada con universidades extranjeras prestigiosas”.


Vea también en ¡Pacifista!

¿Quién le pone freno al costo de la educación privada en Colombia?


Aún en medio de cierta apatía y con una participación que no fue la esperada por ciertos líderes estudiantiles, la manifestación del miércoles se sumó al bombo que también han tenido otras intervenciones de protesta esta semana y que, para muchos, hace tiempo no se veían en el campus de los Andes. Por ejemplo, ayer los estudiantes llenaron de globos de colores la fachada de la rectoría y el patio hacia el cual da la oficina del rector, en los cuales escribieron los altísimos precios de su matrícula. También colgaron la bandera con el precio en uno de los edificios de la Universidad.

Entre tanto, a lo largo de la semana grupos de estudiantes decidieron convocar una serie de asambleas por facultades para discutir y construir propuestas específicas “que mitiguen el impacto del aumento en la matrícula” y “para ver las necesidades particulares de cada carrera en temas de financiación, bienestar, democracia y autonomía”, como dice Sebastián Leonardo. Daniela Garzón, presidenta del Consejo Estudiantil Uniandino (el órgano de representación estudiantil oficial de los Andes) afirmó que el Consejo será el canal de comunicación a través del cual se llevarán estas propuestas al rector y las instancias administrativas de la Universidad. En un correo, el rector Pablo Navas le solicitó que solo a través del CEU “se canalicen las preocupaciones y propuestas que surgieron de la reunión estudiantil del pasado jueves 16 de noviembre”.

A través de un pliego, Daniela y otros miembros del CEU han adelantado una serie de propuestas que llevarán a la rectoría y con las cuales, piensan, se pueden solucionar muchas de las preguntas que deja el aumento en la matrícula. Estas son las cinco propuestas:

Pliego de peticiones, Consejo Estudiantil Uniandino

“Muchos estudiantes en las asambleas hablaban desde la desinformación, eso es muestra de que hay una comunicación que está fallando”, dice Daniela. “Por ejemplo, muchos decían que el aumento había sido mayor al de otros años y no: siempre es el IPC (índice de precios al consumidor) más el 2%. Eso no ha cambiado en todos estos años. Depende de cómo se esté moviendo la economía de la Universidad: la inflación y eso no depende de la universidad”.

En ese sentido, reconoce Daniela, la queja no es porque sea diferente el índice de aumento en el precio, sino porque al superar el tope de los dieciséis (y veintitrés) millones de pesos, “la gente siente ahora mucho más la presión, la asfixia. Si tú ves quince millones es escandaloso. Pero una vez se acerca a los veinte y los supera, ya dices que es demasiado. La gente tiene miedo de que esa subida siga y cada vez sea más problemático pagarlo. Es una cifra que, según la gente, no responde a la realidad del país”.

Daniela Álvarez, estudiante de Geociencias y representante ante el Comité de Matrículas del CEU, afirma que una de las grandes propuestas que están intentando llevar a la dirección administrativa es la del tope de aumento. “Hay un punto en que se vuelve insostenible que la matrícula aumente a esa tasa sin que hagamos nada o manifestemos nuestra inconformidad. Aunque la forma de subir no cambia, hay un tope que está superando que se vuelve insostenible a largo plazo”, cuenta. “Para eso, el segundo punto de nuestro pliego dice que las alzas en la matrícula de cada estudiante no puedan superar un cierto porcentaje de la matrícula que alguien pagó en su primer semestre. Lo que hay que evaluar con cuidado es cuál debería ser ese porcentaje”.

Entre otras propuestas que ha reunido el CEU de diversos estudiantes están: subsidios de alimentación, ayudas en manutención, que la universidad asuma el 2% adicional que aumenta anualmente la matrícula y los estudiantes solo paguen el IPC, que los estados financieros sean de acceso público para todos (y que se comuniquen de forma que los estudiantes entiendan a dónde va la plata) y fondos para asistir a los estudiantes de carreras que exigen mayores gastos, como los de Arquitectura y Diseño.

“Aunque el Consejo Estudiantil es un canal de comunicación y no la voz oficial de las directivas, nosotros no tomamos las decisiones”, dice Daniela. “Pero sí podemos decir que tanto el rector como las directivas están pendientes. El rector cree mucho en la forma creativa como los estudiantes pueden presentar ideas que muchas veces no se les ocurren a los mismos administrativos”, continúa. “Y eso es lo que hemos logrado: la próxima semana vamos a ir a reunirnos con él y a llevarle todas las propuestas e ideas que vamos a recoger de las diferentes mesas de trabajo y asambleas que han organizado los estudiantes toda esta semana”.


Vea también en ¡Pacifista!

Para la paz, “hay que superar la hipocresía de la educación”


Una cosa es cierta: aun con los plantones y las modestas manifestaciones, los precios de la matrícula en Los Andes no van a bajar. Sin embargo, como dicen las directoras del CEU haciendo eco de los líderes estudiantiles, “ya la gente está menos apática con las decisiones que le conciernen en la Universidad. Es increíble verlos a todos hablando, en asamblea, en las tomas culturales. Eso pasa tan poquito aquí que es muy bonito verlo”.

La próxima semana, los estudiantes les entregarán sus propuestas a los directivos de la Universidad. Su esperanza es, como gritó un estudiante en la protesta del miércoles: “que seamos una Universidad verdaderamente incluyente”. Aunque otro comentó resignado: “No sé si pase algo. Igual, así esté impagable, Navas seguirá diciendo que Los Andes “es la universidad más pública que hay en Colombia””.

ARTÍCULOS RELACIONADOS