Foto: archivo ¡Pacifista!

En los últimos días, los colombianos hemos sido testigos de una polarización política que corre el riesgo de convertirse en violencia. Con los ataques contra candidatos presidenciales y la destrucción vandálica de una sede de campaña, se podría pensar que quizás estemos regresando a la época de los ochenta, cuando los candidatos tenían que hacer campaña en medio de las balas. No obstante, lo positivo, y quizás sorprendente, es que las condiciones no son tan violentas como parecen.

Según la Misión de Observación Electoral (MOE), la cantidad de municipios sin garantías suficientes para las elecciones es la más baja desde 2007, En este momento existen 305 municipios en riesgo electoral, mientras que en 2015 fueron 439, en 2014 fueron 389, en 2011 un total de  447, en 2010 fueron 420 y en 2007 se registraron 666. Este diagnóstico hace parte de un trabajo que hace la MOE sobre riesgo electoral en el país, evaluando manifestaciones de violencia como agresiones, amenazas y  asesinatos. También tiene en cuenta la presencia y acciones de grupos armados al margen de la ley, desplazamiento forzoso y masivo y atentados contra la libertad de prensa.

La razón más importante y evidente por la que la violencia ha bajado es la desarticulación de las FARC como actor armado. Ariel Ávila, investigador de la fundación Paz y Reconciliación, opina que “el tema de la violencia política organizada va a descender de manera sustancial, y la razón principal es la salida de las FARC del conflicto armado, pues este grupo operaba en 242 municipios y en ellos no dejaban funcionar el proceso electoral”. 

Otro hecho que podría contrarrestar la violencia en época electoral es el cese al fuego propuesto por el ELN del 9 al 11 de marzo.


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El informe de la MOE incluye un mapa  que identifica los municipios en riesgo.  El de este año, comparado con el de 2014, evidencia que el sur, el oriente y algunas zonas del norte del país (específicamente Vaupés, Caquetá, Amazonas, Sucre, Magdalena, Valle del Cauca, Putumayo y Guainía) se encuentran mucho menos amenazadas. 

Estas zonas, históricamente, han sido ocupadas y habitadas por las FARC. “Uno de los grandes cambios que se han podido registrar”, cuenta Fabián Hernández, vocero de la MOE, “es que hay municipios que por primera vez en mucho tiempo  pueden desarrollar sus elecciones sin tener el pueblo militarizado. Antes de los Acuerdos de Paz, las FARC ocupaban pueblos enteros y entorpecían el proceso electoral”.

De los municipios antes ocupados por las FARC, según el informe,  60 se encuentran “ocupados por nadie”, 25 están ocupados por grupos al margen de la Ley, 66 por el Estado y 48 por el Estado y al mismo tiempo por los grupos delincuenciales. Para Ávila, las condiciones adversas de seguridad que se siguen dando en estos municipios “se explican con la presencia de disidencias, el Clan del Golfo y el ELN”. 

La violencia está focalizada

La MOE lo explica de la siguiente manera: “la violencia pasó de estar regada por todo el país a estar focalizada. No se están realizando atentados a grandes poblaciones, sino a líderes sociales, periodistas y a las mismas campañas”, asegura Hernández.  Por otro lado, Alejandra Barrios Cabrera, directora nacional de la MOE, ha señalado dicho que “los riesgos electorales pasaron de ser en corredores que atravesaban importantes zonas del país a estar en regiones específicas en las que se concentran economías ilegales y diferentes actores armados”.

A pesar de que el ambiente no está tan hostil como en años anteriores, lo cierto es que por lo menos 62 líderes sociales han sido objeto de violencia: 20 de ellos han recibido amenazas, 11 han sufrido atentados y 31 han  sido asesinados, según la MOE. El informe relaciona estos ataques con motivos políticos y con la antagonización de estas personas hacia los negocios ilícitos.

La minería ilegal y los cultivos ilícitos son los principales factores de riesgo electoral que describe la MOE para estas elecciones. Tanto la minería como los cultivos se concentran en la región andina y la costa Pacífica, zonas que también son consideradas por la organización como de alto riesgo electoral por la presencia de los grupos armados al margen de la ley que se sostienen con dichas actividades, o que llegan a hacerse con el negocio que antes pertenecía a las FARC.


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De acuerdo con Luis Trejos, profesor de Ciencia Política de la Universidad del Norte, “en algunos de los territorios que ellos (las FARC) dejaron el riesgo electoral sigue siendo alto porque en este momento se está reconfigurando el crimen organizado y se están presentando episodios violentos en las zonas con gran presencia de cultivos ilícitos por la llegada de nuevos competidores. La disputa por estas rentas entre varios grupos armados es lo que está pasando por ejemplo en el Catatumbo, en Arauca, en Cauca, en el sur de Córdoba y el Pacífico. Estos son los grandes escenarios de riesgo electoral asociado a la presencia de actores armados“.

En estos territorios, agrega el profesor, “no hay rentas ilegales, ahora hay normalidad y los riesgos han disminuido. Esto se nota, por ejemplo, en los Montes de María, en la región Caribe, en la zona de la Serranía del Perijá y los alrededores de la Sierra Nevada. Esto es importante porque en estos territorios la oferta proselitista se amplía. Antes eran lugares vedados para la actividad política y ningún candidato se aproximaba a ellos. Ahora, con más condiciones de seguridad, sí están llegando”.

Otros datos del informe revelan que los departamentos con más municipios en riesgo para estas elecciones son Antioquia, Cauca, Chocó y Nariño, mientras que en los que menos hay son San Andrés y la Guainía.  En general, en comparación a 2014, hay una disminución del 34 por ciento en los riesgos electorales combinados. 

Ahora, el fin del conflicto con las FARC y la disposición de paz temporal del ELN significan que la democracia será posible en otros lugares del país, que los candidatos podrán tener voz sin miedo a la represión y que, por más que como pueblo nos empeñemos en violentarnos por asuntos políticos, vamos a tener las elecciones más tranquilas en una década.

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