foto ana cristanchoColumnista: Ana María Cristancho

Porque no hay más cruel y mejor ironista que la Señora Historia, seríamos tontos al no ver y atender sus regularidades y, al menos, tomar de ellas una advertencia. La guerra colombiana está fracturada por el más paradójico de los patrones: la mayoría de los actores armados nacieron o mutaron en el marco de los procesos de paz. Si bien los contextos, diseños de la negociación y protagonistas son distintos, para todos los casos entre la desmovilización y la emergencia de los nuevos -o renovados- victimarios hay una misma línea pintada con sangre por “la mano negra”.

Este es el eufemismo que acuñamos para no hablar del paramilitarismo sin cara, que se ha encargado de que no se subvierta el orden desigual. Durante toda nuestra guerra –y hablo desde los remotos 50- ese actor sin rostro se ha hecho protagonista durante los procesos de paz y ha dado la cara después de su fracaso -al que por supuesto ha contribuido-, como grupo armado de extrema derecha.

¿Se está repitiendo la historia?

El 25 de Julio del año pasado “Macaco”, desde la cárcel en Estados Unidos, envió una carta a la opinión pública como representante de los desmovilizados de las AUC. En ese entonces los medios de comunicación presentaron el comunicado como una propuesta para incluirlos en la negociación de la Habana. No obstante, ésta es también una amenaza que, a grandes rasgos, sostiene que si el gobierno le daba un mejor acuerdo de justicia a las Farc, como, muchos creen, ocurrió el mes pasado, ellos estarían “obligados” a rearmarse.

“Salvo que trabajemos desde ya por la distensión entre excombatientes de las guerrillas y las Autodefensas nos veremos avocados a una confrontación entre excombatientes y a un rearme. Hay una sola cosa que haría enemigos a los excombatientes de las Auc y los de las guerrillas: la desigualdad en las garantías jurídicas y políticas entre uno y otro proceso de paz”.

La cosa llegaría hasta ahí si no fuera porque los Urabeños hace varias semanas declararon la guerra al proceso y a los posibles desmovilizados. En los últimos tres meses han sido amenazados 73 periodistas, según la FLIP. En Chaparral, Tolima, un grupo con símbolos de Águilas Negras en el hombro hace retenes con pancartas aludiendo a la no desmovilización. Ya sabemos que en el Bajo Cauca las bandas criminales han impedido la labor de desminado y, por último, que en Medellín también anunciaron que ‘excombatiente de las Farc que entre a las comunas, será asesinado’. Al preguntar por estos hechos a algunos desmovilizados de las AUC recluidos en la cárcel, me explicaron que ya estaba ocurriendo. Que la orden (¿tácita?) era “guerrillero mal parado- guerrillero muerto”.

Así fue desde el principio. La primera vez que escuchamos de “la mano negra” en el contexto colombiano nos referíamos al responsable de los asesinatos de los bandoleros liberales que se desmovilizaron en los años 50. En ese entonces, por ejemplo, Juan de la Cruz Varela, exbandolero, líder comunista del Sumapaz y senador fue asesinado en 1961. Tres años después nacieron las Farc.

Sí, el genocidio de la Unión Patriótica no fue el primer caso. Paralelo al proceso de paz de Betancur nacieron las Autodefensas de Puerto Boyacá en 1983 e inició su expansión por todo el país. Sus hombres, asociados desde un comienzo con narcos y líderes políticos, se encargaron de llegar a las regiones más remotas y asesinar los militantes de la UP. No hace falta recordar los asesinatos de Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo Ossa o, en el plano de lo local, la masacre de Segovia, lugar en el que más éxito tuvo el nuevo partido en las elecciones del 86.

Entre 1998 y 2001, durante el proceso de paz de Pastrana, vimos morir asesinados políticos, líderes, periodistas y sacerdotes que creyeron en la paz o en una sociedad distinta. Jaime Garzón, un incómodo periodista, poco antes de ser asesinado, había servido de intermediario en la liberación de secuestrados. Vale la pena recordar que en ese entonces no era tan obvio que los paramilitares eran los responsables.

Durante la desmovilización paramilitar que inició en 2005 nacieron las Bacrim, ¿amenaza de nuestro proceso de paz? Los comandantes de los bloques más cercanos al narcotráfico lograron blindar sus estructuras de la justicia por medio de los más oscuros mecanismos. Macaco, comandante en ese entonces del BCB, dio forma a los Ratrojos. Don Berna a Los Paisas y después de una larga serie de asesinatos entre los líderes de las ACCU, Don Mario, hermano de “el Alemán” (comandante del bloque bananero ubicado en el Urabá), encabezó en un primer momento a los Urabeños.

Es que la probable desmovilización de las Farc pone en juego mucho más que la paz, representa, cuando menos, un vacío de poder. ¿Por qué grupos de crimen organizado que funcionan alrededor de las economías ilegales estarían interesados en el frustrar el proceso? Hay muchas respuestas posibles. Primero se puede pensar que el trato diferenciado de la justicia para uno y otro actor ilegal puede ser percibido como injusto por quienes ya están en la cárcel.

Segundo, que las élites locales teman que la entrada a la política de las Farc afecte el ajedrez de las elecciones y estén utilizando a los grupos de sus zonas para evitarlo. Tercero, y es tal vez la más plausible de las opciones, que teman que en la Comisión de la verdad que pactaron Gobierno y  guerrilla queden al descubierto los secretos del narcotráfico. Es decir, que caigan rutas, proveedores, cultivos entre otras.

¿Tenemos algo qué temer? Cada uno tendrá que evaluar, pero ojalá el Estado se preocupe por prevenir. De ello depende que no se reviva esta guerra. Tenemos que aprender, o al menos seguir atentos, para burlarla.

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