Pacifista - TECHO 6

Fotos: Cortesía Techo-Colombia

Por Daniela Carvajalino T. *

“Mi rol es quitarle actores a la violencia. Un niño bien nutrido no le apunta a la violencia, un joven bien educado busca oportunidades de empleo digno, una mujer que tiene un empleo digno se independiza de un hombre que la maltrata. Quitarle actores a la violencia es nuestro rol y nuestro reto como líderes comunitarios”.

Son palabras de Cristo Rivera, líder comunitario en Santa Marta, uno de los 125 asentamientos informales existentes en Bogotá [1] . Su testimonio muestra los desafíos que impone la pobreza en la construcción de paz en la cotidianidad, donde la labor de los líderes comunitarios es fundamental como gestores de paz en el territorio.

Los colombianos que viven en asentamientos informales son ciudadanos a quienes sus derechos fundamentales se les han violado de manera permanente, en la medida que habitan territorios carentes de condiciones de vida mínimas y apenas cuentan con oportunidades para superar la pobreza.

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Quienes habitan en los asentamientos informales son en su mayoría desplazados, víctimas de la violencia.

Comprender la incidencia de los asentamientos informales en la construcción de paz comienza por reconocer que quienes habitan en ellos son mayoritariamente desplazados, víctimas de la violencia. “Desde el día que nos tocó partir de nuestros territorios, desde el día que nos desarraigaron empezó la vulnerabilidad y el olvido por nuestra sociedad”, afirma Óscar Zapata, líder en El Faro, asentamiento informal en la periferia de Medellín.

La pobreza es causa y consecuencia de la guerra en Colombia. Es en un círculo vicioso que se ha desarrollado durante estos 60 años de guerra, fracturando el tejido social del país. Hoy, siendo Colombia el segundo país más desigual de Latinoamérica (2), es fundamental incorporar en el debate de la agenda pública el cuestionamiento sobre si esta realidad es un escenario adecuado y propicio para la construcción de paz.

La realidad actual, a lo largo de todo el territorio nacional, incluyendo las ciudades más desarrolladas, es la existencia de escenarios donde la violencia se traduce en vulneración de derechos fundamentales, como los que existían hace más de seis décadas. Es allí donde tanto el país como el Gobierno deben enfocar los mayores esfuerzos.

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“La paz no significa únicamente la ausencia de actores armados, significa la resolución de conflictos por medio del diálogo, significa trabajar con actores que vienen de la violencia por un objetivo común. Paz son oportunidades para niños, jóvenes y madres cabezas de familia, es educación de calidad, empleo digno y nutrición”, sostiene Cristo.

Es determinante entender que la oportunidad que tenemos para construir una paz verdadera y sostenible en el tiempo debe contemplar la superación de la pobreza y la desigualdad en Colombia, garantizando que a ningún colombiano se le niegue el derecho a una vida digna, la expresión más cruel de la violencia.

Necesitamos fortalecer liderazgos en el territorio, fundamentalmente en los asentamientos informales, porque estos escenarios serán “el laboratorio del postacuerdo. Aquí llegarán los diferentes actores del conflicto armado, el desplazado con la carga emocional y la carencia económica, y los desmovilizados que probablemente van a imponer su orden y estilo de vida. Nos tendremos que acoplar y trabajar en conjunto. Los verdaderos protagonistas del posconflicto somos las comunidades, y los que sabemos cómo se lleva a cabo somos los líderes comunitarios”, añade Cristo.

Encuentro de Líderes Comunitarios TECHO 4

Encuentro de Líderes Comunitarios impulsado por Techo-Colombia.

 

El liderazgo comunitario lleva las mismas décadas que el conflicto armado construyendo paz en el territorio. Los pobladores que promueven la organización y participación ciudadana se han convertido en actores principales de la paz en Colombia, así como en grandes aliados en la reconstrucción de un tejido social fracturado por la dinámica de la guerra y, sobre todo, golpeado por la falta de oportunidades.

Los líderes comunitarios promueven el diálogo en las comunidades para la resolución de conflictos y han trabajado por la integración de los actores armados en el territorio. Ellos son genuinos gestores de paz que debemos dignificar, respetar y reconocer como quienes mejor comprenden una violencia que se intensifica por la informalidad en que viven.

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En el artículo 22 de la Constitución Política de Colombia se consigna que “la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”. En vísperas del Plebiscito sobre el Acuerdo de Paz con las Farc, el debate público, equivocadamente, muchas veces se reduce a la paz como un cese al fuego. Si bien éste es un factor determinante, construir paz es un desafío de mayor envergadura. Nuestro país será realmente pacífico el día que compartamos la idea de que mientras la pobreza se perpetúe, la violencia también lo hará.

[1] Derecho a Bogotá. Investigación de asentamientos informales en Bogotá, 2015. TECHO

[2] Según el último reporte del Banco Mundial. Diciembre de 2015.

*Directora Social Techo-Colombia

 

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