La Farc aspira conseguir más de las 10 curules que se les entregó en el Acuerdo de Paz. Foto: Óscar Pérez – El Espectador

¡Pacifista! reproduce este artículo en el marco de su alianza informativa con el diario El Espectador. Vea la nota original aquí.

Por: Germán Gómez Polo – El Espectador

La Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (Farc) es optimista. Como movimiento político, y desarmados por completos, nunca se han medido en las urnas. Sin embargo, sus líderes aspiran a lograr tantos votos como para obtener más de las diez curules que ya les fueron asignadas a través de un acto legislativo, como parte del Acuerdo de Paz firmado con el Gobierno. De hecho, hablan no como si su llegada al Congreso fuese en futuro condicional, sino como lo que es: una realidad. Y por eso ya trabajan en los proyectos de ley y actos legislativos que presentarán desde el próximo 20 de julio.

De la misma forma, aunque muchos, con toda la razón, no les tengan fe, hablan de la aspiración presidencial de Rodrigo Londoño, conocido como Timochenko. “Esta candidatura no es un amague. Estamos apostando, en serio, a llegar a la Presidencia”, comenta Victoria Sandino Simanca Herrera, la tercera de la lista cerrada a Senado del partido de la exguerrilla, con curul fija en el nuevo Congreso. La meta es llegar a todo el país, pero se han definido unas regiones que serán prioridad en la campaña: Bogotá, Antioquia, Atlántico, Valle del Cauca y Santander. Departamentos que, además, son lugares de nacimiento de varios de los que también llegarán al Legislativo.

En esas correrías, la Farc medirá, de primera mano, cómo los recibe la población civil, en medio de un ambiente de polarización y de resistencia por parte de muchos sectores a su participación en política sin haber pasado por la Jurisdicción Especial de Paz (JEP). Enfrentar cara a cara a los electores es visto como una oportunidad para que estos los conozcan, a ellos y sus propuestas. “Hay gente que destila odios sin razón. La gente a la que le tocó vivir la guerra sabe cómo es y quiere algo distinto. La mejor forma para llegar es la comunicación directa, el abrazo. Queremos que nos den una oportunidad, porque no saben quiénes somos, más allá de lo que sale en los medios”, dice Sandino.

Superado uno de los mayores obstáculos para comenzar la actividad proselitista, que era la apertura de la cuenta bancaria para recibir los recursos que, por ley, el Estado destina a los partidos políticos, la Farc lanzará a las 3:00 de la tarde de este sábado, en el barrio Arborizadora Baja, localidad de Ciudad Bolívar, en Bogotá, una propuesta programática completa que partirá de la implementación del Acuerdo de Paz, pero que también atenderá otros asuntos que aún tiene pendiente la sociedad colombiana. De hecho, uno de los ejes centrales del programa es la creación de una renta básica para millones de colombianos que entran a llenar las cifras del desempleo, dentro de los que se cuentan también a las madres cabeza de hogar, personas que quedan a la deriva por los contratos a término fijo o las empleadas del servicio doméstico. Una iniciativa que, según ellos, no es producto del populismo, sino de estudios serios que definen cómo y de dónde saldrán los recursos.


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Ahora, desde la arena política, hablan de frente de las otras vertientes ideológicas y están convencidos de que no es posible ser una propuesta alternativa en el país si no se incluye a la Farc dentro de esta. “Es muy difícil pensar en una alternativa en Colombia sin la Farc, porque la Farc hace parte de ese nuevo país”, comenta Francisco Toloza, quien fue vocero del movimiento Voces de Paz y ahora integra la lista cerrada a Senado. Lo que dice es a propósito, porque incluso desde los sectores más cercanos ideológicamente a la exguerrilla, la posibilidad de una alianza es casi nula.

Por otro lado, para la Farc, la alianza entre Iván Duque, Marta Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez no es más que una “relación familiar” y los tres son las caras de una misma realidad: “Son una política para volver a la guerra y volver a la guerra no le resuelve el problema, por ejemplo, a la gente de Ciudad Bolívar que no tiene empleo. Quítenle las curules a la Farc si quieren, que igual la gente de Usme va a tener que salir a buscar trabajo todos los días”, señala Toloza, para quien candidatos como Sergio Fajardo y Humberto de la Calle hacen parte de ese mismo establecimiento. A pesar de todo, están abiertos a las coaliciones, como lo dejó claro Julián Gallo Cubillos (Carlos Antonio Lozada), pues de todas maneras, la apuesta es por un gobierno de transición que garantice la implementación de la paz.

En términos electorales también hay taras. Si bien en el papel los derechos políticos de los excombatientes estarían garantizados, denuncian que en la práctica el asunto es más complejo. Por ejemplo, para la inscripción de cédulas, a pesar de que muchos de los exguerrilleros tienen su documento, en el momento de llegar a las sedes de la Registraduría, esta les figura aún en trámite. No hablan de cuántos votos, pero seguro que hacen las cuentas y, al mismo tiempo, les hacen un llamado a los demás partidos para que los tengan en cuenta: “Deben saber que somos una fuerza política”.


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Ahora, la Farc también va a la calle en medio de grandes riesgos para la seguridad de quienes hoy aspiran al poder. Los asesinatos de excombatientes y sus familiares ya se cuentan por decenas y queda en manos del Estado evitar un nuevo exterminio político, como el que ya sucedió en los 90 con la Unión Patriótica. Pero, más allá de los compromisos que tengan la Unidad Nacional de Protección (UNP), la Policía o el Ejército, la exigencia específica es que se ponga en marcha la Unidad de Desmantelamiento de Organizaciones Criminales. De otra manera, dice Sandino, no bastará ponerle “50 escoltas a cada uno de quienes se desmovilizaron”. Aún así, dicen que irán sin miedo a las calles a contarle a la gente su propuesta, pero queda claro que prefieren, al menos por el momento, lugares cerrados en donde se puedan minimizar las amenazas.

Hay expectativa en general, tanto por la participación política de la Farc como por la composición del nuevo Congreso, en donde se verán las caras los enemigos eternos que se dispararon durante décadas. Y de los episodios que se vivirán ya ha habido preámbulos, como los gritos que atravesaron en octubre pasado la Comisión Primera de la Cámara de Representantes y que salían de la boca de Edward Rodríguez, del Centro Democrático, cuando Seuxis Paucias Hernández, Jesús Santrich, llegó a ese recinto en una de las audiencias públicas de la reforma política. Ello puso en claro algo: la guerrilla dejó las armas, pero la guerra política la tendrán declarada en el Congreso.

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