Foto: Cortesía #NoCopio

Por: Lukas Jaramillo*

El sábado nos reunimos con el fin de ampliar un ‘nosotros’ y así decir que nada justifica el homicidio. Empezamos a planear el Festival Instinto de Vida a raíz del descubrimiento –desde NoCopio– de que la solidaridad es la mayor rebeldía frente al asesinato. Una rebeldía creadora.

Logramos unirnos y, aunque el agradecimiento se da muchas veces en privado, con un afecto creciente damos las gracias a todos los artistas, a los periodistas, a las organizaciones de mujeres, a las instituciones educativas, a nuestra cooperativa, a nuestro medio salsero,  a los museos y teatros, a una fundación internacional que nos ha dado la posibilidad de hacer parte de una red latinoamericana, a nuestra caja de compensación, a los colectivos sociales y culturales que participaron.

Hicimos este festival en una ciudad donde casi todos los días hay homicidios. En un espacio que nos pone en contacto con esa realidad. Fue este lugar el que nos puso en contacto con Yasser Alberto — un joven de 17 años –, en el momento más aterrador de su vida.

Yasser Alberto buscó refugio en el Festival Instinto de Vida y ahí fue agredido por cinco hombres que llevaban varias cuadras persiguiéndolo.

¡Qué ganas tan grandes de haber tenido más capacidades para salvar la vida de Yasser!, ¡Qué ganas de haberlo conocido en la mañana del festival! ¡Qué ganas de haber llamado al 123 cuando su muerte era un rumor!

He tenido la valiosa oportunidad en el proceso con NoCopio y en mi trabajo en Casa de las Estrategias de ver el potencial  que hay en los que tuvieron que encontrar el modo, y a veces la alternativa en la periferia. En ver lo vibrante, cambiante, imaginativo que puede ser un muchacho de 17 años, aun con el mundo entero en su contra. A casi todos los que estamos bien nos han dando primeras, segundas, terceras y cuartas oportunidades: todo el tiempo, infinidad de personas nos estuvieron salvando.

Los buenos amigos nos preguntan qué sigue después de lo que pasó. Uno a veces siente que no está a la altura de ese interrogante. La verdad es que la razón no logra consolar las emociones después de que el homicidio haya llegado hasta nuestra tarima y nos haya hecho sentir tan impotentes. Por instantes, este episodio de la cotidianidad de Medellín nos debilita profundamente por ser testigos. Nos pone a discutir, nos da rabia, nos decepciona y nos hace sentir muy, muy agotados.

La renuncia y la indiferencia son totalmente incomprensibles. En NoCopio no hay héroes, ni mártires, pero empezamos con este movimiento porque es inevitable desconocer el dolor que se siente la ciudad. Vamos a seguir porque ha sido curativo para cada uno ampliar el ‘nosotros’, reconstruyendo lentamente una red vital que integre el dolor de una madre –que normalmente entierra a su hijo en profunda soledad- y el espanto de un muchacho en riesgo –que tantas veces es decretado desechable–.

Lo que sigue entonces es una pequeña pero constante entrega. Lo que sigue es una rebeldía amorosa. Lo que sigue es revivir. “Muerta de Matar” –dicen los Árboles sobre Medellín–. Ayer lo entendí: después de lo ocurrido yo morí un poco, todos los asistentes pudimos haber muerto un poco. Morimos un poco después de tanto amor a lo largo del Festival Instinto de Vida, de tanta vitalidad para desnormalizar el homicidio y para no dejar que las muertes sean en vano.

Recuerdo mi encuentro con un muchacho en silla de ruedas en el municipio de El Bagre. Con curiosidad por un letrero que decía “Nada Justifica el Homicidio”, el joven se nos acercó. Después de intercambiar algunas opiniones, concluyó: “¡Claro! Lo natural no es matar, lo natural es revivir.”

Lo que sigue es revivir, por eso perseveraremos en el proceso de NoCopio y de Instinto de Vida. El único camino de Medellín para revivir es la fraternidad –que dicta que nada justifica el homicidio– y la solidaridad –que dicta que cada víctima de homicidios es de todos–. Para volver a encontrar su corazón, esta ciudad tiene que hacer un compromiso enorme y darle segundas oportunidades a los muchachos que no han tenido las primeras. Nadie nos sobra: en Medellín no están matando personas buenas o malas. Están asesinado a seres amados.

*Lukas Jaramillo es el director de Casa de las Estrategias, un centro de estudios y de pensamiento. Esa organización es fundadora de Instinto de Vida en Medellín.

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