Fotoilustración: ¡Pacifista!

Por: Jorge Andrés Osorio

Esta semana se dio inicio al tercer ciclo de negociaciones en Quito entre la guerrilla del Eln y el gobierno de Juan Manuel Santos. Desde ahora, hasta la primera semana de septiembre, según lo dicho por las partes, es previsible que se logren acordar tres puntos indispensables para el buen desarrollo futuro del proceso de paz: el cese bilateral al fuego y las hostilidades, audiencias preparatorias sobre participación de la sociedad y un acuerdo de términos sobre desminado humanitario.

Luego de los dos primeros ciclos de diálogos  –el primero tuvo lugar entre febrero y abril y el segundo entre mayo y julio de este año– es de esperar que la delegación del gobierno, encabezada por Juan Camilo Restrepo, y la delegación del Eln, encabezada por Pablo Beltrán, concentren sus mayores esfuerzos en el punto del cese bilateral que, en principio, comenzaría con un periodo de tres meses una vez acordado.

Cabe aclarar que desde los dos primeros ciclos se han realizado esfuerzos para agilizar el cese bilateral de fuego y hostilidades. Para el gobierno es indispensable que la guerrilla detenga la acción del secuestro y para el Eln es importante que el gobierno acepte la sistematicidad y persecución que hay detrás de los asesinatos a los líderes sociales y que brinde las garantías para que se proteja su vida y sus derechos, así como los de personas afines a la izquierda, que según la guerrilla han sido amenazadas por décadas.

Víctor de Currea-Lugo, analista del conflicto armado colombiano y autor de dos libros sobre el Eln, asegura que “es imposible evitar las diferencias. La tregua debería tener lo que en psiquiatría se llama “principio realidad” y la realidad es que hay una oposición muy fuerte entre las dos partes. La tregua no es para acabar con esa polarización, sino para hacer saber que es posible alcanzar acuerdos aún con esa polarización de por medio”.

De otro lado, el tema de la participación ciudadana es fundamental. Sobre este punto, Luis Eduardo Celis, Asesor de la Red de Programas de Desarrollo y Paz (Redprodepaz): afirma que “si se logra un acuerdo en el punto de las dinámicas humanitarias relativas al cese es posible avanzar en las audiencias sobre participación. Ya las partes tienen un pre-acuerdo para desarrollar unas audiencias en las cuales una diversidad social, política e institucional iría a Quito a presentar sus propuestas de cómo adelantar una participación que lleve hacia adelante esta negociación. Las poblaciones que más han sufrido el conflicto están en el mundo campesino, en el mundo afro y en el mundo indígena y, de manera particular, en las mujeres de estos mundos. Entonces estos grupos poblacionales tienen que ser convocados y tenidos en cuenta en sus propuestas”.

Uno de los hechos relevantes que esta nueva etapa de diálogos es la llegada del papa Francisco en septiembre, como lo han expresado voceros guerrilleros en diversas oportunidades. Desde un principio se supo del interés de las delegaciones en poder obtener un contacto directo con la máxima autoridad de la religión católica, pero la posibilidad de que las  partes puedan dialogar con el sumo pontífice es poco probable, pues este ciclo está pactado para finalizar en la semana en la que llega el papa, por lo que quedará poco tiempo para pensar en detalles ajenos a la negociación. Esto no quiere decir que sea imposible, pero como dice Celis, “la venida del papa es un aliciente para la Mesa y se espera que las dos partes se apliquen a buscar unas fórmulas de entendimiento antes de su venida. El tiempo es escaso y el reto es grande”. 

Para entender un poco mejor la influencia del papa sobre el proceso, hablamos  con Miguel Zuñiga, docente e investigador en las áreas de antropología teológica y religión, conflicto y política de la Universidad Santo Tomás: “La visita del papa, aunque sea más de carácter pastoral, tiene una  influencia política derivada de su autoridad ética. El Eln, en sus orígenes, tuvo como causa la Teología de la Liberación promovida por una corriente de pensamiento dentro de la Iglesia Católica. Francisco es una autoridad creíble y desde este punto de vista, puede influir en un eventual acuerdo”.  

Sobre el tema del desminado humanitario se sabe poco hasta ahora. Ha habido especulaciones sobre  un plan piloto –cuenta De Currea-Lugo– en Samaniego, un municipio del departamento del Nariño. En opinión de Celis debería ser la misma Misión de la ONU que acompañó a las FARC durante los últimos años la que se encargue de revisar, acompañar y garantizar el debido proceso y el correcto funcionamiento de las acciones que se lleven a cabo por las partes en esta materia. 

La visita del papa, aunque sea más de carácter pastoral, tiene una  influencia política derivada de su autoridad ética.

Ahora, a juzgar por la última encuesta de Invamer Gallup que evidenció que a pesar del desarme de las Farc el 65 % de los colombianos no están convencidos del fin de la guerra con esa guerrilla, parece que al proceso con el Eln se suma un reto adicional: la apatía de la gente. ¿Cómo disminuir entonces la apatía de la sociedad frente a la paz? 

Para el profesor Zuñiga: “hay un factor determinante para contrarrestar la apatía y es respaldar los avances con una pedagogía del cuidado (el cultivo de la confianza y el cumplimiento de lo que se acuerda) y la reparación, que implica verdad para las víctimas”.

Para Victor de Currea-Lugo, la raíz del problema de la apatía generalizada está en el mal manejo de las comunicaciones tanto por parte de las guerrillas, como el gobierno: “Ninguno ha sabido explicarle al país las ventajas de la paz. ¿Cómo es posible que no se hable de resultados concretos como, por ejemplo, la disminución del número de soldados heridos en el Hospital Militar? Cayó casi a cero y eso al país no le importa. Somos un país completamente indolente.” 

A pesar de los duros desafíos que se vienen para la mesa de Quito, las delegaciones comienzan un mes y dos semanas de arduo trabajo y de gran paciencia. Por lo ocurrido hasta el momento y a pesar del lento avance que hemos visto hasta ahora, parece claro que entre el gobierno y la guerrilla prevalece el compromiso de no proliferar más el conflicto. En poco tiempo sabremos si los avances que prometen agilizar este proceso se concretan. 

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