Alirio Sepúlveda, delegado de la guerrilla del ELN en La Habana. Foto: ELN

Esta semana comenzó el VI ciclo de conversaciones entre el gobierno y la guerrilla del ELN. Las partes no han logrado pactar una tregua bilateral. 

Después de 28 años de acercamientos y negociaciones fallidas, la guerrilla del ELN y el gobierno colombiano lograron sentarse en una mesa, acordar una agenda de negociación e incluso pactar un cese el fuego bilateral que duró 101 días. Todo sucedió en 2017. Los dos actores, gobierno y guerrilla, nunca habían estado tan cerca de firmar un Acuerdo de Paz. Aunque las discusiones se quedaron estancadas en el primer punto (participación de la sociedad en la construcción de la paz), ambas partes quieren darle celeridad al proceso, más en este momento de incertidumbre política.

Las conversaciones con el ELN están tambaleando desde enero de este año, cuando las partes no lograron prorrogar el cese el fuego y tampoco logaron sacar adelante el primer punto de la agenda. Esto con dos agravantes: la renuncia del jefe negociador colombiano, Juan Camilo Restrepo, al finalizar 2017, y el paso al costado que dio el gobierno de Ecuador, principal garante y sede de los diálogos, frente a las negociaciones con el ELN en abril de este año.

El pasado 5 de mayo las partes anunciaron que Cuba sería la sede para llevar a cabo los diálogos de paz. No obstante, han pasado dos meses y por el momento hay más preguntas que respuestas. Después de la victoria de Iván Duque en las elecciones presidenciales, el proceso de paz con el ELN perdió oxígeno y los dirigentes de la guerrilla saben que lo que se viene no será fácil. De acuerdo con un comunicado que emitieron este lunes festivo, “julio será un mes crucial”.

Primero, porque el lunes 2 de julio comenzó el sexto ciclo en la mesa de conversaciones en La Habana.  Unas conversaciones que, teniendo en cuenta los pronunciamientos previos, serán complicadas. Por un lado, el ELN dice que el gobierno no se ha comprometido con garantizar el cumplimiento y la ejecución de las transformaciones propuestas en la mesa y, por otro, porque no aceptó un punto inicial donde las partes se comprometen a cumplir recíprocamente con los acuerdos.  Además, por ahora no hay avances en la negociación del primer punto de la agenda y tampoco se vislumbra un cese el fuego bilateral.

Lo que más le preocupa a la guerrilla – grupo que cuenta con aproximadamente 1.500 combatientes – es que el 7 de agosto se posesiona Iván Duque como presidente de Colombia hasta 2022. Duque, el representante del uribismo 2.0, se ha mostrado en desacuerdo con los diálogos de paz con el ELN y ha condicionado la continuidad de la mesa con un “agrupamiento” de los combatientes del ELN y un cese unilateral por parte la guerrilla.

Sobre estas peticiones y otros temas relacionados con la mesa de La Habana hablamos con Alirio Sepúlveda, uno de los delegados con más poder en la guerrilla y quien durante los últimos 25 años ha militado en el frente oriental del ELN. Desde La Habana, vía correo electrónico, Alirio Sepúlveda respondió a las siguientes preguntas.

 

¿Cómo ven el proceso de paz con el gobierno? ¿Tiene futuro?

Lo vemos como una oportunidad que existe gracias a la comunidad internacional, a la sociedad civil colombiana que quiere la paz, a los países garantes y a otros pueblos que creen en la construcción de la paz.

¿Qué va a pasar durante este nuevo ciclo?

En el VI ciclo se pueden presentar 3 opciones:

  1. Que el presidente Santos quiera llegar a unos acuerdos y entregar el país con un cese al fuego y un diseño para desarrollar el primer punto de la agenda de diálogos: “la participación de la sociedad en la construcción de la paz”. Ello presupone que la delegación gubernamental venga con propuestas y voluntades accesibles.
  2. La segunda opción es que el presidente Santos quiera terminar su mandato con la mesa abierta, pero sin cese ni acuerdos. Para eso le bastaría venir con las mismas posturas del V ciclo.
  3. Y por último que la delegación del gobierno venga con las propuestas de Duque, lo cual haría muy difícil los diálogos.

¿Qué puntos esperan trabajar con más urgencia?

El más urgente e importante es dejar listo – y ojalá andando – el primer punto de la agenda, el cual consiste en la participación de la sociedad. Lo ideal sería acompañar su inicio con un cese al fuego bilateral, temporal y nacional.

Sabemos que el tema de la participación de la sociedad civil no ha sido fácil de conciliar. ¿Qué se necesitaría para que saliera adelante en los próximos meses?

Voluntad y decisión del gobierno. Nosotros y el país somos los más interesados en que la participación se inicie cuanto antes.

¿Qué opinión tienen sobre el nuevo gobierno que liderará Iván Duque?

Es un gobierno que va a representar y defender los intereses de quienes se le unieron para ser elegido: la ultraderecha, el narco paramilitarismo, en cabeza de Uribe Vélez; la oligarquía, los del ‘No’ en el plebiscito, los grandes monopolios y los poderes económicos entre otros.

Iván Duque les ha solicitado dos condiciones para continuar con el proceso de paz: el cese de “actividades delictivas” y una “concentración con verificación internacional”. ¿Qué opinan de estas propuestas?

Esos condicionantes niegan la bilateralidad del proceso y especialmente los acuerdos del 30 de marzo de 2016, sobre el diseño del proceso y la agenda. La experiencia de lo que está aconteciendo con los acuerdos con las Farc indica que debe haber reciprocidad en el cumplimiento de los compromisos. No se trata de que el ELN cumpla y el gobierno, como siempre, agrande la enorme lista de incumplimientos.

¿Qué garantías, tanto de parte del ELN como del Estado, tiene el proceso de paz que se está llevando a cabo en La Habana?

Las garantías se basan en que así tengamos ideas diferentes estamos haciendo unos diálogos con respeto, franqueza y pensando en el país.


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La semana pasada el Centro Democrático le hizo serias modificaciones a la JEP. ¿Ustedes qué opinión tienen sobre el modelo de justicia transicional que propone Duque?

Lo que acaba de pasar le hace perder seriedad y credibilidad al acuerdo de justicia transicional, se convierte en un mal espejo para nosotros. Nos queda el interrogante sobre con quién estamos negociando y sobre si lo que se firma con la representación gubernamental queda después sometido a una interminable renegociación con las otras ramas del poder público. Los acuerdos en materia de paz deben ser una política de Estado y no de un gobierno, para que sean creíbles y se puedan cumplir.

¿Qué les dicen a ustedes desde las bases de la guerrilla? ¿Qué tanta credibilidad existe por parte de ellos en este proceso de paz?

Los incumplimientos a las Farc traen demasiadas dudas. Pese a esto, una muestra de seriedad ha sido el cumplimiento fiel a los ceses y acuerdos pactado por parte de todas nuestras unidades.

Con el proceso con las Farc, el Estado ha asegurado que concentrará su ofensiva militar en contra de la guerrilla del ELN. ¿Qué opinión les merece este discurso?

El Estado tiene doble moral y discurso; mientras habla de paz, arremete no solo contra la fuerza insurgente, sino contra líderes sociales, contra todo aquel que piense diferente, que se oponga a sus intereses y contra la población en general. Nosotros estamos acostumbrados a esas amenazas y anuncios. En eso llevamos 54 años.

¿Cómo vieron las elecciones presidenciales?

Inéditas por varios aspectos:

  1. Nunca en la historia reciente del país se había dado una unidad e identidad en torno a unas propuestas de cambio como las que lidera Gustavo Petro.
  2. El miedo a perder el poder por parte de esas mafias que han gobernado los llevó a dejar aparentes rencillas entre ellos y unirse en torno a Duque.
  3. Aspiramos a que por fin en Colombia exista una verdadera oposición, con diferentes ideas, y ojalá el gobierno le permita hacerla, para que el pueblo participe y juzgue qué camino es el mejor.

¿Por qué creen que el país está tan polarizado?

Porque los que están en el poder cierran las puertas a la verdadera democracia y participación al pueblo, además porque a ellos les conviene mantenernos divididos para sus intereses, aplicando el dicho que dice “divide y reinaras”. El régimen gobernante está acostumbrado a imponer sus políticas e intereses por la fuerza y a la vez se benefician de la guerra; no han permitido que realmente se desarrolle un proceso de unidad y paz.

Pareciera que en la sociedad civil existe un rechazo muy grande al ELN. ¿Ustedes cómo lo ven?

Los grandes medios son empresas que están al servicio de los grandes capitales, por tanto, ellos siempre van a mal informar sobre nosotros. Mucha gente en las grandes ciudades lo que hacen es reproducir lo que dicen esos medios sin conocernos; pero en las regiones la realidad es otra, existimos gracias al apoyo de la población.

Hemos hablado con organizaciones de víctimas en Norte de Santander y Chocó que nos han dicho que anhelan la paz y por eso piden un cese de hostilidades. ¿Qué les dirían ustedes a ellas?

Hemos estados dispuestos a llegar acuerdos con el objetivo de bajarle la intensidad al conflicto, hemos propuesto y estamos trabajando un acuerdo para el Chocó; un desminado humanitario empezando por Nariño y otras propuestas. Sin embargo, el gobierno no ha mostrado interés y lo que hace es condicionarlos a otros intereses de ellos.

¿Para ustedes qué se ha logrado con el proceso de paz?

Mostrarle al mundo y al pueblo colombiano que así seamos contradictores u enemigos, con el gobierno podemos sentarnos con respeto y reconocimiento mutuo, para dialogar y buscarle salidas a los problemas graves que tiene el país y que han originado el conflicto existente.

¿Fue un golpe duro que Ecuador dejará de ser la sede de la negociación?

Es lamentable la salida no solo del Ecuador, sino de cualquier Estado como garante o sede. Estamos muy agradecidos con el gobierno y el pueblo ecuatoriano por el apoyo y respaldo que nos brindaron, respetamos la decisión soberana que tomaron y los hemos invitado a que reconsideren el retiro como garantes.

¿Se ven regresando a la guerra?

No hemos firmado acuerdos de desmovilización. Solo se pararon acciones ofensivas los 101 días que duró el cese al fuego bilateral temporal y nacional, cumplido entre el 1 de octubre del 2017 y el 9 de enero del 2018, sin que la tropa abandonara los territorios en donde históricamente hemos estado.

¿Qué tan lejos están sus aspiraciones de lo que esperan, por ejemplo, los integrantes del partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común con la paz?

Para el gobierno, el modelo de paz es solamente desarme, desmovilización y reinserción de la insurgencia. Para nosotros la paz es la solución política del conflicto armado y realizar las transformaciones básicas urgentes.

¿Comparten la Reforma Rural Integral, la Justicia Especial para la Paz y las circunscripciones de paz?

Son enunciados escritos en los acuerdos con las Farc, pero en la vida no se han concretado. En vez de democratización de la tierra, el régimen impuso la ley Zidres a favor del agro negocio. La JEP la están reduciendo a su más mínima expresión. Y sobre las circunscripciones de paz, los seguidores de Uribe amenzan desaparecerlas en el Congreso a partir del 20 de julio.

Parece que el discurso de Duque es que se hace la paz siempre y cuando algunos  delegados del ELN vayan a la cárcel. ¿Qué opinan de esta postura?

En los procesos de paz con guerrillas en todo el mundo se han hecho indultos y amnistías. La justicia restaurativa es mejor que la venganza y la humillación. Ambas partes debemos asumir responsabilidades y garantizar “Verdad toda, verdad todos”.

¿Qué opinan del modelo de justicia que propone el uribismo?

No solo es vengativa, sino que no tiene nada de justicia, porque deja al pueblo sin conocer la verdad de lo que ha sucedido en este conflicto, deja impune a los crímenes más atroces perpetrados en este país como las masacres y los falsos positivos. ¿Uribe está dispuesto a arrepentirse y a pedir perdón? De eso nunca habla. Es muy fácil exigirle al otro y tapar sus propios delitos.

¿Estarían dispuestos a dialogar con Álvaro Uribe en la mesa de La Habana?

Eso lo hemos manifestado públicamente, estamos dispuestos a dialogar, a darle continuidad a la mesa con el gobierno que sea. No nos levantaremos de la mesa. El problema de la paz no es de una sola persona, es de un país.

En ¡Pacifista! hemos seguido de cerca los cambios en las zonas donde antes había guerra con las Farc. Hay muchos ejemplos positivos. ¿Qué le dirían ustedes a las personas que quieren acabar el proceso de paz?  

Duque tiene en sus manos la posibilidad histórica con el país y el mundo de cumplir y completar el proceso de paz. Para eso debe cumplirle a las Farc y seguir el proceso con el ELN. Sería un grave error acabar y no continuar con estos procesos. Lamentablemente quien correría con las consecuencias sería el pueblo colombiano, el que no votó, pero también el que voto por él.

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