Captura de ‘Pájaros de Verano’, del director Ciro Guerra.

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#ProyectoCOCA | A propósito del estreno de ‘Pájaros de verano’, la nueva película de Ciro Guerra, éstas son las películas colombianas imprescindibles sobre drogas.

El próximo jueves 2 de agosto, Ciro Guerra y Cristina Gallego estrenan en Colombia su última película, Pájaros de verano. Ovacionada en Cannes, la cuarta obra de esta pareja –que logró la nominación al Óscar por El abrazo de la serpiente– cuenta la historia de una familia wayúu que se ve inmersa en la bonanza marimbera de Colombia en los años setenta y, a través de ella, narra cómo el narcotráfico transformó a una de tantas comunidades rurales del país.

A propósito del lanzamiento de Pájaros de verano, le preguntamos a cinco de las personas que más han estudiado el fenómeno de las drogas en Colombia (no solo el narcotráfico, sino también los cultivos de uso ilícito y el consumo) y a cinco de las que mejor conocen el cine nacional cuáles son –en su opinión– las películas imprescindibles para reflexionar sobre la política de drogas en Colombia.

“Es el conjunto de películas, más que una sola imprescindible: cada una desde su anécdota nos cuenta algo, nos hace reflexionar sobre algo”, dice el director de cine y cinéfilo consumado Felipe Aljure.

Aljure continúa: “Con el conjunto de la obra cinematográfica colombiana que se ha ocupado de la narconarrativa, nos damos cuenta de la combinación de patologías contenidas entre dos extremos: en uno, un evidente costo humano que hemos pagado como país por una guerra que tiene raíces ajenas e intereses económicos transnacionales que son la base de su prohibición. Y en el otro, la mutación de los valores personales y colectivos de los seres humanos que tienen repentinamente acceso a grandes cantidades de dinero y desarrollan una adicción que –a la mejor manera de un adicto a cualquier sustancia química– los va destruyendo poco a poco y en el proceso va arrastrando con el colectivo que los rodea”.

Este es el top 7 recomendado y de paso les dejamos el trailer de Pájaros de verano.

El Rey (José Antonio Dorado, 2004)

Pedro Rey no existió en la vida real, pero muchos personajes anónimos como él subieron como palma y cayeron como coco, transformando a la Colombia de los años setenta y a toda la sociedad colombiana.

A través de la historia de vida de este pequeño capo ficticio, el director caleño José Antonio Dorado –que lleva dos décadas enseñando en la Universidad del Valle– narró el ascenso del narcotráfico y reflexionó sobre cómo le cambió la manera de pensar a tantas capas sociales en el país, prefigurando la tragedia nacional y el espiral de violencia de los años ochenta que todos conocemos.

Aunque está llena de acción (gángster, según la describía su protagonista Fernando Solórzano), la diferencia entre El Rey y tantas narconovelas-peliculones es justamente cómo se sumerge en los comportamientos y actitudes de toda la sociedad. Como contaba Dorado en una entrevista, “m i idea original era hacer un documental sobre cómo el narcotráfico había cambiado nuestra mentalidad (…) pero me interesó el mito de Jaime Calcedo ‘El Grillo’ al que le encantaba la canción Pero sigo siendo el Rey y decidí contarlo en el barrio de San Nicolás de Cali, que es donde yo me crie”.

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La ley del monte (Patricia Castaño y Adelaida Trujillo, 1988)

Como en la ranchera, La Macarena fue durante años tierra de nadie. Este rincón del sur del Meta comenzó a transformarse fuertemente a mediados del siglo XX, con la llegada de miles de campesinos colonos que huían de la violencia (y también citadinos) que descubrieron en la coca una alternativa económica, procesos que nadie había registrado hasta este popular documental que hicieron las ‘Citurnas’, conocidas así por el nombre de su productora.

“Muestra la profundidad, la complejidad y el tamaño de la economía cocalera a finales de los años ochenta, diez años antes de que salieran las primeros informaciones de SIMCI (el sistema de censo de cultivos de uso ilícito de Naciones Unidas en Colombia). Y también el desconocimiento que tenía el Gobierno del problema, cómo sus funcionarios descubren el territorio y parecen casi extraterrestres llegando a Marte a hablar con los campesinos de esos temas”, dice el economista Daniel Mauricio Rico, uno de los que más ha estudiado el problema de la coca en Colombia.

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Sumas y restas (Víctor Gaviria, 2004)

Un ingeniero de clase alta llamado Santiago hace un pacto con el diablo del narcotráfico, representando por un incipiente capo llamado Gerardo. Esa relación –y todo lo que sale mal en ella– configuran la trama de esta película con la que Víctor Gaviria cierra su trilogía sobre la Medellín de los años ochenta, que se convirtió en la cuna nacional del narcotráfico.

“Lo más interesante de Sumas y restas es ver cómo la sociedad se va ordenando y articulando con el narcotráfico, cómo un tipo de clase media se rinde a esa nueva sociedad”, cuenta el escritor Ricardo Silva Romero, quien fue crítico de cine de Semana durante más de una década.

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La selva en blanco (Margarita Martínez, 2010)

El Putumayo ha sido históricamente uno de los departamentos con mayor presencia de cultivos de coca (y actualmente, con 22 mil hectáreas, sigue ocupando el segundo lugar). Detrás de ese auge de la coca, vienen otras trágicas realidades: la acelerada deforestación de la selva amazónica y la pérdida de legitimidad del Estado en las zonas donde la única solución ha sido la aspersión aérea con glifosato.

Ese es el trasfondo de la historia que cuenta la documentalista Margarita Martínez (directora del documental La Sierra que se sumergió en la realidad cotidiana de las comunas de Medellín) centrada en la experiencia de Rosa, una elocuente campesina afro de El Tigre que procesa la hoja de coca en frente de las cámaras y reflexiona sobre los efectos de una estrategia que busca proteger a la población pero con frecuencia genera efectos adversos.

Incluso Pacho Santos, el flamante embajador en Washington del presidente electo Iván Duque que es uno de los entrevistados, reconoce esas contradicciones cuando explica que “poner glifosato en la selva no es bueno, como no es buena la quimioterapia. Cuando usted tiene cáncer le dan un remedio muy fuerte, que también es dañino”.

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María llena eres de gracia (Joshua Marston, 2004)

Aunque la imagen de la ‘mula’ era bien conocida por todos los colombianos, pocos realmente habían reflexionado sobre el drama humano desencadenado por la decisión de miles de mujeres humildes de transportar cocaína en sus estómagos a países como Estados Unidos.

Con una narración sencilla y casi pudorosa, este director gringo desgrana la historia de una joven campesina que dejó su trabajo en un cultivo de flores de la Sabana de Bogotá por un sueño americano que ni siquiera entendía bien. Todo el peso de la historia recae sobre María, cuyo papel lanzó la carrera de Catalina Sandino, le dio el premio a la mejor actriz en el festival de Berlín y la primera nominación para un colombiano en los Óscares.

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Rostros humanos tras los bosques de niebla (Mady Samper, 1998)

Entre la bruma del Macizo colombiano, dos comunidades indígenas intentan dejar atrás la amapola, la llamada ‘flor maldita’ que trajo chorros de plata pero también mucha violencia y deterioro ambiental. Esa contradicción atraviesa la historia de un resguardo nasa que crea una piscícola y de una cooperativa de mujeres que produce tejidos en lana.

Aunque la historia parece actual, el año es 1997 y termina el cuestionado gobierno de Ernesto Samper. Colombia intenta, con mucha timidez y poca decisión del Estado, reversar la proliferación de cultivos de uso ilícito con proyectos de sustitución que buscan traer oportunidades distintas pero que en últimas no logran transformar la precaria realidad de miles de indígenas y campesinos. Veinte años después, los problemas que muestra el documental de Mady Samper siguen vigentes y sin soluciones exitosas.

El Colombian Dream (Felipe Aljure, 2006)

Una exitosa discoteca familiar en Girardot –llamada irónicamente El Colombian Dream- se convierte en el lugar donde, más por azar que por planeación, dos gemelos comienzan a vender drogas sintéticas a los clientes. Ese primer cargamento de pastillas y el vertiginoso éxito del negocio casi accidental desencadenan una persecución delirante que no puede sino terminar mal.

“La hicimos como una reflexión sobre cómo la adicción a la plata que produce la prohibición era más tóxica y dañina que la adicción a la droga misma”, cuenta Aljure sobre su segunda película después de La gente de la Universal (una de las más exitosas en la historia del cine colombiano)

Vea el trailer acá.

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Otras películas que tocan termas de la política de drogas incluyen Jardín de amapolas (Juan Carlos Melo, 2014), que cuenta la historia de un campesino cultivador de amapola en medio de la violencia y el desplazamiento; Manos sucias (Josef Wladyka, 2014), que cuenta la historia de un par de pescadores afrocolombianos que se embarcan en un viaje para transportar cocaína con un submarino artesanal; y La tía Rica (Germán Ramírez, 2015), un documental que muestra los distintos usos de la coca en una familia caucana a lo largo de varias generaciones.

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