Foto: Pablo David G.

Érik Arellana. Foto: Pablo David G.

Esta entrevista forma parte de la alianza entre ¡PACIFISTA! y el Centro Nacional de Memoria Histórica.

Hace 30 años, Nydia Erika Bautista, una militante del grupo guerrillero M-19 salió de su casa pero nunca regresó. Su familia y, en concreto, su hijo Érik Arellana, emprendieron una álgida lucha para dar con su paradero. Pese a que la esperanza de hallarla con vida se desvaneció con los años, el deseo de esclarecer los motivos de su desaparición, dar con los responsables y encontrar sus restos se intensificó con el paso del tiempo.

“La verdad no ha sido una prioridad para el Estado”

La desaparición de Érika no es un hecho aislado. En Colombia, según el Registro Único de Víctimas, ya son más de 160.000 afectados por desaparición forzada. En nombre de su mamá y de los rostros detrás de esa cifra, Erik ha pasado las últimas tres décadas exigiendo mayor voluntad política con el fin de dar respuesta a todos los casos.

Arellana cuestiona la falta de una búsqueda efectiva y real. “Hay cientos de cuerpos en la fiscalía, cementerios enteros que podrían llevar a la verdad de muchos de los casos, pero esa verdad no ha sido una prioridad para el Estado”, dice Érik. Y es que, para Arellana, nisiquiera leyes como la de Justicia y Paz han impactado en esa materia: según cuenta, ni las confesiones de los victimarios han sido tomadas en serio.

Pero no se trata solo de encontrar a los desaparecidos; pues en Colombia, pese al fin de la guerra entre el Gobierno y las Farc, flagelos como el secuestro y la desaparición forzada siguen latentes. “Parece que aún son crímenes efectivos, porque gozan de gran impunidad”, afirma Arellana. La explicación que Érik encuentra para esa presunta ola de impunidad radica en una supuesta negación del Estado frente a esas problemáticas.

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“El mecanismo funciona porque las instituciones sociales aún son benevolentes con los criminales. Esa benevolencia obedece a que la tipificación de la desaparición forzada solo se dio hasta el año 2000, cuando la guerra llevaba décadas latente”, explica Erik.

Aunque esa percepción no es exclusiva de Érik. Hoy, durante la conmemoración del Día Internacional de las Víctimas de Desaparición forzada, diferentes organizaciones, como la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos aseguraron que casi el 100% de los casos de ese flagelo terminaron sin respuesta ni castigo.

Todas las víctimas cuentan

Hombres, mujeres, afros, indígenas, excombatientes de grupos armados y líderes sociales: según Erik, Colombia deben luchar para erradicar la desaparición de todos ellos. “Claro, muchas veces hacer una una diferenciación entre grupos contribuye a un esclarecimiento más preciso de los hechos alrededor de la desaparición. Sin embargo, por ejemplo, con los excombatientes de las Farc sucede que nadie lo toma en serio, pues la gente atribuye esas desapariciones a las dinámicas de la guerra y justifica esos hechos”, asegura.

Pero las víctimas no son solo quienes desaparecen: la familia también sufre una gran afectación. Erik lo sabe muy bien. “Hay hijos, como yo, que necesitan saber dónde están sus padres para hacer un duelo correspondiente. Es muy doloroso, pero el amor es mucho más fuerte. Tenemos que enfrentar lo sucedido con dignidad y devolver la honra de nuestros seres queridos a través de la verdad”, dice.

Según Érik, la memoria histórica parece una herramienta clave que ha evolucionado con los años: “El inicio de las acciones por reconstruir y recordar los sucesos de la guerra fue muy precario porque la gente no tenía ni los recursos ni los conocimientos necesarios, pero las cosas han cambiado muchísimo en la última década porque tenemos más información y entidades que se dedican a ello”. Sin embargo, para él la labor no es suficiente . “Hablamos de más de 160 mil desaparecidos y en el imaginario colectivo solo tenemos presentes unos cinco casos. Entonces necesitamos darle un rostro más contundente a las víctimas del flagelo. Sí, existe una base importante, pero falta más”, asegura.

En la actualidad, Érik dirige la fundación Nydia Érika Bautista, creada en honor a su mamá. En ella, lucha por las víctimas de desaparición. Según él, la meta más importante que tiene dentro de la organización es prevenir que las futuras generaciones atraviesen el dolor que él y su familia vivieron hace 30 años. “No queremos que más personas sufran a causa de la desaparición forzada”, concluye.

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