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Por: Carlos Arturo Velandia

 

No hay reto mayor en la vida de los colombianos que poner fin a la guerra que nos ha enfrentado, así como no hay consigna más importante que construir colectivamente la paz con equidad y soberanía. Con este convencimiento, y mi experiencia como gestor de paz, quisiera compartir unas reflexiones que pretenden ayudar al cumplimiento de la Agenda de diálogos entre el Gobierno y el ELN que arranca el próximo 30 de Marzo.

1.

En un conflicto armado interno, tan prolongado y degradado, el silencio de los fusiles SÍ es paz, aunque para el caso colombiano, el fin de la confrontación bélica es condición necesaria pero no suficiente. Se requiere actuar sobre las causas que originaron el alzamiento armado, buscando la superación o transformación de ellas, para así hacer de la paz un estado permanente.

2.

Las partes del conflicto deben pactar su final mediante un acuerdo político. La participación de terceros, tales como la sociedad nacional, o la Comunidad Internacional debe ser un añadido para que se alcancen los propósitos  de la agenda.

3.

 Construir la paz es un asunto de los ciudadanos. Si la guerra ha tenido a las partes (los guerreros) como protagonistas, el posconflicto es el tiempo de los ciudadanos; en el cual se construirá justicia social principalmente en los territorios más azotados por la violencia.

4.

 Las grandes transformaciones del país, no surgirán de la mesa de diálogo entre el Gobierno y las insurgencias; estas se darán mediante un ‘gran pacto político nacional’, emanado de un diálogo nacional en el que participen todas las fuerzas políticas y sociales sin exclusiones.

5.

 La búsqueda de la paz y las negociaciones son parte del conflicto. Si bien es una actividad, que por lo general se sitúa hacia el final de la guerra, es un asunto de las partes, por eso, en una mesa de negociaciones solo caben dos.

6.

El Gobierno y la guerrilla tienen nociones diferentes sobre qué es la paz y sobre cómo construirla. Juntos tendrán que construir una solución común que genere satisfacción a ambos. Cada parte se hace co-constructora del acuerdo final, y por lo tanto solidario y vinculado al acuerdo; porque esa es la solución que fue posible construir entre las partes del conflicto.

7.

A lo largo del conflicto las partes han construido una imagen de sí mismos, que luego de 52 años de mostrarse ante la sociedad y el mundo, no pueden maquillar, sin embargo, a las puertas de la paz, se esfuerzan por proyectar una imagen agrandada y sobrevalorada. Esta sobrevaloración suele llevar a que las partes se exijan sacrificios o concesiones imposibles a la contraparte. Se requiere ponderación, mesura y sentido de la realidad que vive el país y el mundo que nos rodea.

8.

Las partes deben mirar hacia adelante y pensar en un país abierto hacia la participación de la sociedad y de los movimientos sociales, una Colombia en la que los políticos de oposición cuenten con garantías y los ex insurgentes puedan expresarse sin ser matados por pensar diferente. En un futuro en el que los ciudadanos y la sociedad, sin la coacción de factores armados, amplíe la democracia y construya cada vez más justicia social y equidad.

9.

Colombia es una mezcla entre una vieja y larga época de entrecruces, de violencia asociada con la política y de atraso social. Para dar comienzo a una nueva época, debemos perfilarla y construirla entre todos, dejando atrás los lastres de la guerra.

Nuestros conflictos sociales no se han resuelto, pero entramos a una era con más garantías que nos permiten trabajar en esos problemas sin acudir a la violencia.

10.

La participación social debe darse sin la intermediación del discurso por parte de actores armados. Para lograrlo, debe construirse un paquete de garantías y favorabilidades para que las sociedades territoriales participen con el protagonismo que merecen y que el conflicto armado les negó.

11.

 Dadas las características de este proceso, no es posible establecer cuanto tiempo tardará, lo cual se reflejará en que no se producirán acuerdos parciales en el corto y mediano plazo. Esta tardanza podría generar descreimiento de la sociedad, retiro de apoyos a la mesa y restarle su legitimidad.

Un proceso de de paz, sin resultados a la vista es difícil de sostener. A no ser que las partes decidan dar mayor dinamismo a la mesa al examinar bilateralmente los puntos cinco, y seis –que hablan sobre el fin del conflicto e implementación en el Acuerdo entre el Gobierno y las Farc–, de manera simultánea con el desarrollo de los cuatro primeros puntos.

12.

  En el final de la guerra y a las puertas de la paz, matar un soldado, a un policía, a un guerrillero, a un civil, solo acrecienta el dolor en las familias víctimas, que soñaban con la llegada de la reconciliación. La vida al final de la guerra adquiere mayor valor, porque son vidas que construirán paz y serán de gran utilidad para la sostenibilidad de la misma.

Urge que las partes fortalezcan el escenario de fin de hostilidades hasta crear las condiciones favorables para pactar el cese del fuego bilateral y definitivo, con lo que se daría el final de la guerra en Colombia.

13.

 Finalmente, conviene recuperar el lema propuesto durante el proceso de paz de Guatemala: “Dialogar para pactar, pactar para cumplir, cumplir para cambiar.” e incorporarlo como parte de la mesa de diálogos para la paz.

*Esta columna de opinión representa la voz del autor y no compromete la posición editorial de ¡Pacifista!

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