La primera imagen es del derrame actual de Ecopetrol, la segunda es de un derrame producido por el ELN en el oleoducto de Caño Limón Coveñas. Fotos: El Espectador

La guerrilla del ELN, de manera sutil, ha venido haciendo campaña política rechazando el derrame de petróleo en Barrancabermeja, Santander, donde toda la responsabilidad recae sobre Ecopetrol. Son, al fin y al cabo, 24 días en los que se ha contaminado los ríos y los bosques por la negligencia de la compañía, como lo confirmó la Agencia Nacional de Hidrocarburos. En su cuenta de Twitter y a través de voceros de prensa, el ELN ha invitado a la ciudadanía a movilizarse en contra de Ecopetrol, del fracking y de los daños al medio ambiente…

En la cuenta de Twitter de la guerrilla aparece el siguiente mensaje: “Si usted abre la llave del lavamanos y le sale agua combustible en forma de fuego, no se preocupe, es un regalo de los ‘padres de la patria’”. Habría que recordar, a manera de contexto, que casi cuatro meses atrás, el 10 de enero, las comunidades de Boyacá y Arauca se vieron afectadas por tres atentados del ELN en contra de la infraestructura petrolera en los municipios de Cubará y Saravena, donde los ataques produjeron derrames de crudo, generando graves afectaciones ambientales, según el Consejo Departamental de Gestión de Riesgo de Boyacá.

Estos tres atentados son el ejemplo más reciente de una serie de ataques a la infraestructura petrolera por parte del ELN, una práctica que en el pasado también usó las Farc bajo el argumento de “atacar el capital”. De acuerdo con un estudio de Indepaz sobre los ataques a la infraestructura petrolera en el país, el ELN ha buscado reivindicar su lucha armada a través de este tipo de atentados en contra de empresas transnacionales quienes, según ellos, “vulneran la soberanía nacional”. En el transcurso de las últimas tres décadas, el gobierno estima que por cuenta de estos atentados se han derramado por lo menos 4,1 millones de  barriles de crudo. El que ha sufrido más atentados, y donde más se afectaron a las comunidades circundantes, es el oleoducto Caño Limón-Coveñas, con 1.283 ataques.


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En 2014, cuando el gobierno exploraba un diálogo de paz con el ELN, el comandante de la guerrilla, Pablo Beltrán, justificó los atentados a la infraestructura petrolera argumentando que las multinacionales tratan de “expoliar” los recursos naturales, sin tener en cuenta la naturaleza y las comunidades, “saqueando” el petróleo en el país. Beltrán no respondió, sin embargo, sobre las afectaciones ambientales que dejaron los atentados del ELN y que en años posteriores siguieron cometiendo. Solamente en el transcurso de 2017 el gobierno registró 43 atentados por parte del ELN al oleoducto Caño Limón Coeñas. A raíz de esos atentados, Ecopetrol dejó de recibir ganancias por cerca de $ 250.000 millones.

Lo paradójico es que, más allá de que exista una coherencia ideológica o no, el ELN hoy está criticando los mismos efectos en el medio ambiente ellos causaron y justificaron en años anteriores. De acuerdo con un informe de la Procuraduría publicado en enero pasado, el 60 por ciento de las fuentes hídricas del país se han visto afectadas por diferentes atentados de dicho grupo a la infraestructura petrolera. Estos ataques, como lo han señalado diferentes analistas, han sido utilizados por la guerrilla para llamar la atención y demostrar poder, presionando la instalación de una mesa de diálogos de paz.

Municipios afectados por constantes ataques del ELN en contra de la infraestructura petrolera.

Ahora que el gobierno aceptó retomar las negociaciones de paz en Quito y así avanzar en el punto 1 de la agenda (participación de la sociedad civil), el ELN se ha mantenido al margen de los atentados a la infraestructura petrolera.  Ecopetrol, mientras tanto, está en el ojo del huracán por derramar 25.000 barriles de crudo en un área de 30 kilómetros, afectando a más de 2.000 familias. Lo está también por contaminar quebradas y ecosistemas esenciales para el país, como la Ciénaga de San Silvestre, donde habitan especies en vía de extinción, como el manatí antillano. También por afectar el abastecimiento de agua para cerca de 300.000 habitantes.

Quizás esta tragedia ambiental pueda servirle al ELN como espejo sobre lo que sucede cuando, más allá de cualquier justificación, se afectan los ecosistemas. Y podría servir para que no se vuelva repetir un episodio como el del martes 26 de septiembre de 2017, cuando los campesinos de Teorama, Norte de Santander,  se encontraron con un paisaje macabro en la madrugada: los ríos que lo rodean, por un atentado de la guerrilla, se habían teñido de negro.

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