Foto: Juan Arredondo | Cortesía The Nature Conservacy

El río Magdalena ha cambiado drásticamente en los últimos 30 años. La construcción de hidroeléctricas, la pesca, los nuevos pobladores, la ganadería y las zonas secadas por el Gobierno, están cobrando sus impactos sobre las cuencas del río. “Nadie se hace responsable de los impactos ambientales que hay en la cuenca”, explica Carlos Suárez, el director de relaciones públicas de la organización ambiental estadounidense The Nature Conservacy (TNC).

 

Al ocupar el 24 por ciento del territorio colombiano y pasar por 11 departamentos del país, el Magdalena es la red fluvial más importante para el desarrollo económico del país, especialmente de los pequeños campesinos. Con esto en mente, la organización estadounidense creó el Sistema de apoyo a la toma de decisiones de la Macrocuenca del Magdalena Cauca (Sima).

Esta aplicación representa una esperanza para el río después de que este año el gobierno diera por caducado el anterior proyecto de navegabilidad, el cual estaba a cargo del  concesionario Navelana. El anterior contrato de navegabilidad del río Magdalena comenzó a correr desde agosto de 2014, pero el proyecto duró cerca de 2 años y siete meses tratando de arrancar. Al final, fracasó.

Y aunque Navelena realizó el mantenimiento del río, las obras se quedaron en el papel. Además, el contrato se frenó en el cierre financiero luego de que estallara el escándalo de Odebrecht, firma vinculada a Navelena, en mayo de 2016.

Tratando de suplir los largos procesos del gobierno, el Sima, que es de libre acceso para cualquier persona, hace predicciones según la información recolectada por diferentes actores. Por ejemplo, si hay fuertes lluvias en una época del año, un campesino puede acceder a la aplicación y ver como las cuencas se han comportado en años pasados para poder preparase y no afectar sus procesos productivos.

La aplicación fue lanzada a principios de este año.

Para Suarez, “el uso de recursos naturales crea comunidades empoderadas, pero como no hay información de los recursos, se vuelven objeto de manipulación política”. Por esto, la herramienta Sima, creada en el 2015 y puesta en funcionamiento este año, busca crear un impacto social con la tecnología porque, según el biólogo Tomás Walschburger, uno de los creadores del Sima, “una red fluvial conecta todo, lo que pasa en un páramo afecta a todos los escalones del río, todos son tan responsables como dependientes”.

En la plataforma se explica que “cada vez son más frecuentes los conflictos por el agua, al igual que inundaciones y sequías”, por esto, TNC busca contrarrestar los impactos creando un diálogo entre todos los actores presentes en el territorio. La comunidad, los sectores productivos, las autoridades y científicos interactúan en la aplicación para mostrar las diferentes perspectivas de desarrollo y uso de recursos naturales.


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“Es una participación civil y comunitaria con el fin de que los impactos sean menores para todos los que se benefician del río”, puntualiza Walschburger, “es como poner al río a hablarle a todos, es fortalecer la democracia por medio de la ciencia”.

“El sistema articula procesos fluviales e información que se ha recolectado de la cuenca”, cuenta Juliana Delgado, la coordinadora de ciencias de The Nature Conservacy, de esta manera los usuarios logran hacer predicciones de lo que ocurrirá en sus cultivos cuando ocurren sucesos naturales como lluvias o sequías.

El principio del final

“La cuenca está llegando al límite de sus umbrales ambientales a causa de las decisiones tomadas por los pobladores, los actores económicos y el Gobierno sin una visión integral”, cuenta Suárez.

Por ejemplo, en el río Magdalena, el recurso pesquero ha disminuido más del 50 por ciento en los últimos 30 años. En los años ochenta se podía sacar del río más de 80.000 toneladas de pescado al año, ahora la cifra no supera las 30.000 y las orillas del río están más pobladas que nunca. Actualmente, 36 millones de colombianos viven allí y se producen 75 por ciento de los alimentos del país. “La pesca ha colapsado totalmente”, explica Walschburger.

Foto: Juan Arredondo | Cortesía The Nature Conservacy

El cambio climático ha hecho que el río ya no supla lo necesario para mantener a sus pobladores, además estos “no son conscientes de las razones por las cuales ha decaído el mercado de la pesca y por eso no pueden contribuir a mejorarlo”, cuenta el biólogo Walschburger. Además del problema pesquero, 70 por ciento de las orillas del río han sido deforestadas, los suelos están degradados y el agua está contaminada.

Suárez acepta que TNC tiene claro que en las fuentes hídricas “hay ausencias por parte de una entidad estatal”, por esto se enfocan en “buscar una solución del problema y abarcar los problemas de una manera sistémica”.

Asimismo, Walschburger entiende que existe también un “vacío grande de interés por las comunidades y estas solo se alertan cuando hay inundaciones o sequías, asumen que los problemas les llegan y no le dan una explicación”. De esta manera, la aplicación busca empoderar, sobre todo, a los pequeños campesinos para que se interesen en lo que sucede alrededor del río y cómo los afecta.

Entre cerca de  2.300 proyectos que se presentaron al desafío de Google.org para fomentar proyectos de innovación con impacto social en América Latina, recientemente el Sima se llevó uno de los primeros puestos y recibió una donación de 350.000 dólares para escalar el impacto de la aplicación. Además de esto, Sima está siendo financiado por Usaid y la Fundación Santo Domingo.

Puede conocer más de la aplicación aquí.

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