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Unos de los protagonistas olvidados del conflicto colombiano han sido los niños, niñas y adolescentes que han participado en él. Aunque hay denuncias, registros e investigaciones que rastrean el tema, no existía hasta ahora un reporte que se aproximara a la dimensión real del reclutamiento a menores de edad en el país por parte de los grupos armados al margen de la Ley. Consciente de esa situación, el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) presenta hoy Una guerra sin edad, un texto que expone y cuantifica dicha realidad.

Con una base de datos de 16.879 casos registrados, que incluye testimonios de casos desde 1961 hasta 2015, el informe construye un panorama de cómo los menores portaron armas, ejecutaron misiones y ocuparon cargos en las estructuras criminales de los grupos armados en Colombia.

Cabe aclarar que además de ser un delito descrito en las leyes colombianas, el reclutamiento de niños y niñas es considerado también como un crímen de lesa humanidad.

¡Pacifista! presenta cuatro puntos clave extraídos del informe para dar una idea sobre cómo fue el reclutamiento de menores durante los años más crudos de nuestra guerra.

El reclutamiento

De acuerdo con el CNMH, los niños han sido son objetivos claros de los grupos armados. El incorporarlos a sus filas y a la vida armada les ha garantizado la supervivencia en el tiempo y les ha dado una base humana joven para adecuarla a propósitos bélicos e ideológicos.

Por esto el reclutamiento ha sido sistemático, calculado y frecuente. Los actores armados –relata el informe– han hecho presencia constante en espacios de socialización donde los niños, niñas y adolescentes construyen su cotidianidad como escuelas, parques, centros culturales, deportivos y los barrios donde viven.

Allí los reclutadores los abordan, crean referentes ideológicos y les ofrecen una vida al margen de la ley. De acuerdo con los registros, los reclutadores prefieren a los varones, pues 71 por ciento de los casos correspondieron al sexo masculino. Los datos también revelan que el reclutamiento se dio en edades desde los 4 años en adelante.

El proceso de reclutamiento no se da en un solo encuentro. Los miembros de los grupos armados encargados de reclutar conocen a los niños primero, ganan su confianza y luego establecen relaciones con los que creen que pueden persuadir y que encajan en el perfil que buscan. A otros simplemente los convencen con la promesa de dinero.

Una guerra sin edad concluye que una de las grandes razones por las que los reclutadores tienen éxito es porque hacen presencia donde el Estado no.


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Los municipios donde más hubo casos registrados de reclutamiento fueron Garzón (Huila); San Vicente del Caguán y Florencia (Caquetá); Medellín (Antioquia); San José del Guaviare (Guaviare), Planadas (Tolima), Barbacoas y San Andrés de Tumaco (Nariño); Tame (Arauca); Jamundí y Buenaventura (Valle del Cauca).

 

De 2006 hasta 2015 estos fueron los 10 municipios donde más hubo reclutamientos: Datos : CNMH

 

Una guerra sin edad recoge episodios de reclutamiento desde 1961 hasta 2015. En la tabla se muestra la cantidad de menores reclutados por año. Fuente: CNMH

El informe también denuncia a los responsables del reclutamiento a menores en Colombia:

–  Las Farc, que se comprometieron ante la ONU en 1999 a no reclutar a menores de 15 años, pero no cumplieron su palabra. Incluso durante los diálogos de paz con el gobierno reconocieron que seguían reclutando. Este grupo fue el que más casos tuvo, con un 54 por ciento del total de los registros del CNMH.

– El ELN, que firmó en 1998 un acuerdo con el gobierno en el que se comprometía a no reclutar a menores de 16 años, tampoco cumplió. Reclutaron al 10 por ciento de los menores que revela el informe.

– Los grupos paramilitares como las AUC, reclutaron al 27 por ciento de los niños y niñas.

– El ERG (Ejército Revolucionario Guevarista), reclutó un 1 por ciento.

– El ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), reclutó otro 1 por ciento.

– Los GAPD (Grupos Armados Post Desmovilización), como las Águilas Negras y las Bandas Criminales (Bacrim), reclutaron al 10 por ciento de los niños.

– El Estado, que ha usado a niños y adolescentes en tácticas militares que van desde la utilización del menor como informante hasta la vinculación directa a la tropa, sin entrenamiento ni posibilidad de libreta militar. Sobre esta situación no se tienen cifras aunque el informe la reseña.

 

La tabla muestra la distribución por género del reclutamiento en cada uno de los actores armados del conflicto:Fuente: CNMH

La vida en armas

Una vez el niño aceptaba (o era obligado a aceptar) la propuesta del reclutador, era conducido a un campamento de entrenamiento, donde lo primero que se le buscaba implantar era una identidad guerrera. En menos de seis meses en los campamentos (y a veces en menos de una semana), todos los niños, niñas y adolescentes registrados en el informe del CNMH ya habían tenido entrenamiento en armas y en la mayoría de los casos portaban una.

En este tiempo también ya les habían enseñado las reglas del grupo armado y habían recibido educación militar y doctrinal. Los encargados de esta ‘tarea’ eran los comandantes de tropas o los comandantes de los campos de entrenamiento: personas con experiencia militar y un cargo elevado en los rangos de los grupos armados.

Los comandantes controlaban y limitaban las relaciones sociales de los recién reclutados, imponían castigos y sanciones, organizaban las tropas, dirigían el ejercicio físico y cambiaban el nombre a los niños.

Base de entrenamiento de niños paramilitar dibujada por un desmovilizado – Foto: CNMH

Una guerra sin edad describe que al cabo de los primeros meses de estar en los grupos armados, los niños, niñas y adolescentes ya eran miembros activos de sus estructuras, y eran juzgados en consejos de guerra por faltas al reglamento de la misma manera que los miembros antiguos. Es decir, también podían ser ejecutados.

Los ‘cargos’ que han ocupado históricamente los menores en los grupos armados del conflicto colombiano son los de ‘carrito’ (transportadores de armas y mensajeros), ‘punto’ o ‘campanero’ (hacen labores de inteligencia y avistan policías, soldados y miembros de grupos enemigos), ‘recadero’ (lleva mensajes o información), ‘maleteros’ (encargados del contrabando), ‘mochilero’ (cargan granadas de fragmentación para  repartir en el combate), ‘caletero’ (almacenan y transportan dinero y armas) y combatiente.

El estado constante de guerra en el que han estado los grupos armados ha hecho tengan que fortalecer constantemente sus filas con combatientes nuevos, y esto ha puesto a los menores en la línea de fuego. De acuerdo con el documento, la generalidad del niño y adolescente del conflicto colombiano ha disparado un arma y en casos particulares han matado. Sobre el combate, el informe afirma que “se trata del escenario donde el menor pone en el más alto riesgo su vida y su capacidad como guerrero entrenado y adoctrinado”. También es el espacio donde mayormente pierden la vida.

Niños y niñas combatientes – Foto: ¡Pacifista!

El combate, además, es catalogado como una experiencia cruda que requiere de parte del niño la creación de escudos contra la violencia que padece. Es así como muchos de ellos se han visto expuestos al uso de sustancias psicoactivas para poder enfrentar el miedo, o simplemente para acelerar su comportamiento y liberar más adrenalina.

Aunque las Farc y las AUC tenían una regulación para el consumo de drogas en sus filas, Una guerra sin edad relata historias en las que los mismos comandantes eran quienes proveían a los niños y adolescentes de drogas, que se usaban tanto en el combate como en las demás actividades diarias del grupo armado.

Las consecuencias

Los menores reclutados vivos han sufrido perjuicios desde el primer momento en el que empezaron a ser reclutados. El CNMH lo evidencia enumerando una lista tristemente larga de los daños a los niños ocasionados por pertenecer a los grupos armados.

Documenta daños morales y subjetivos, disminución de la capacidad de sociabilidad y problemáticas en las relaciones sociales y afectivas, heridas y amputaciones, violencia sexual, alteración al proyecto de vida, abortos forzados, revictimización, vulneración de los derechos, daño al ciclo emocional, disminución del autoestima, fractura en la dimensión emocional, desplazamiento forzoso y dificultad para la reintegración a la vida civil.

Exposición Volver a la Mirada, dedicada a menores reclutados. Foto: CNMH

El informe relata que los niños que se resistieron al reclutamiento en ocasiones fueron asesinados. También revela que las dinámicas de las familias de los menores reclutados se alteran con cambios de roles, fragmentación del grupo familiar y zozobra por no conocer la suerte del niño o niña. 

También sostiene que los líderes sociales, líderes indígenas y maestros que se han negado al reclutamiento y a la utilización de menores por parte de grupos armados han sufrido consecuencias como el desplazamiento forzado y las amenazas contra su vida e integridad.

Testimonios

Mucho del trabajo que hizo el CNMH fue obtener datos a partir de los relatos que les hicieron personas que fueron reclutadas en su niñez o adolescencia. Estos también revelan detalles la mirada inocente pero cruda de los niños como integrantes de grupos que se dedican a la guerra. Seleccionamos cuatro de los más de 100 con los que cuenta el informe.

Cuando yo me puse el uniforme pues yo me miraba y yo pensaba: ‘¡Uy yo con este uniforme voy a hacer muchas cosas!’ Después de un tiempo yo pensaba como, cómo le digo, como sintiéndome poderoso y yo decía: ‘Ahora sí puedo hacer lo que yo quiera’, pero no salió así como yo lo creía, no salió, me salió más costoso antes (Reclutado a los 14 años).

Nos daban pólvora con guarapo. Nos servían, pero fuerte, de esos guarapos que lo emborrachan a uno, se lo servían a uno en un vasito, después destapaban la jiba y le echaban la pólvora ahí y se la tenía que tomar. La idea era del comandante, se lo daban a uno antes de salir a patrullar. Uno sentía rabia, como que eso era como pa´ darle rabia a uno, sí me entiende, pa´ cuando uno esté en el combate el objetivo es matar, matar, matar, ese es el objetivo (Reclutado a los 14 años).

Al tiempo uno le toca adaptarse a lo que ellos digan. Si piensa diferente, toca callarse. Si lo ven a uno con la cabeza gacha ya piensan que uno se va a volar, lo pueden estar matando a uno. Le toca a uno hacerse el fuerte. Algo bueno, no. Más bien una experiencia que le enseña a uno a valorar las cosas, a valorarse uno mismo, pero algo que me haya gustado, no (Reclutada a los 12 años).

¡Ya se murió y ya!, no pasó nada, se entierra en cualquier lado. Se entierra donde quede y listo (…) Son muchísimos menores de edad muertos, por imprudencia a veces en los combates de pararse por lo nerviosos. Sea porque uno tiene que estar o sea porque tiene que avanzar en arrastre abajo sobre el piso. A veces uno se levanta por los nervios o que lo cojan a uno en una emboscada, todas esas cosas, la vida allá no vale prácticamente un peso (Reclutado a los 13 años).

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