El punto uno de la agenda de conversaciones de paz que acordaron Gobierno y ELN trata de la participación ciudadana. En Tocancipá se realizó ayer la primera audiencia preparatoria de participación. | EFE

¡Pacifista! reproduce este artículo en el marco de su alianza informativa con el diario El Espectador. Vea la nota original aquí.

Por Anna Josa Marrón – Colombia 2020

En Tocancipá (Cundinamarca) empezaron este 30 de octubre las audiencias preparatorias de participación ciudadana que acordaron el Gobierno y la guerrilla del ELN para definir el mecanismo con el que la sociedad civil llevará sus inquietudes a la mesa de diálogos que se adelanta en Quito (Ecuador).

El escenario se activa en un momento delicado del proceso, tras el reconocimiento por parte de la dirección del Frente de Guerra Occidental Ómar Gómez del ELN de que sí asesinaron al gobernador indígena Aulio Isarama Forastero, en el Alto Baudó (Chocó). El Gobierno, a su turno, rechazó el crimen y anunció que el tema será evaluado por la mesa de conversaciones de Quito, pero aclaró que “ningún incidente por sí mismo será causa de ruptura del cese al fuego -que se pactó desde el 2 de octubre de 2017- de forma unilateral y automática”.

Consuelo Tapias, delegada en la mesa de Quito por el ELN, viajó a Colombia desde Ecuador para ponerse al frente de este espacio de participación donde esperan que varios sectores, como el empresarial y el sindical, se expresen. Un asunto de vital importancia para sacar adelante el punto uno del proceso con el ELN, que versa precisamente sobre la participación social desde un enfoque democrático.

Consuelo Tapias, delegada en la mesa de Quito por el ELN

“Ni el Eln ni el Gobierno son los que tienen que decidir cómo debe participar la sociedad, sino que se debe consultar a la sociedad de qué manera considera que debe participar en este proceso de conversación”, aseguró Tapias en entrevista con El Espectador.

Esta guerrillera antioqueña, que con prevención no precisa su fecha ni lugar de nacimiento, es muy poco conocida. Estuvo vinculada al movimiento estudiantil y a las luchas populares antes de unirse al Ejército de Liberación Nacional, hace ya más de 25 años.


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Dentro del ELN ha desarrollado principalmente actividades relacionadas con la formación política e ideológica, así como de comunicación, desde ondas clandestinas de radio. “Hasta el 16 de noviembre se va a realizar esta primera fase de preparación para la participación y se espera que asistan unos 225 delegados y delegadas” como “voceros y voceras de sus organizaciones y de instituciones gubernamentales”, dice Tapias, feminizando cada palabra y adelantando que, aunque el tema sigue crudo en la mesa de negociación de Quito, se nombrará una comisión que trabaje el tema de género.

Este es un tema controvertido dentro de la guerrilla, porque si bien Tapias insiste en que se trabaja en “igualdad de condiciones y derechos”, también admite que la preocupación es muy reciente, porque las mujeres en las filas guerrilleras “quizás no nos preocupamos tanto por desarrollar una política de género sino en el quehacer cotidiano”. “Todos los colombianos y colombianas llevamos una dosis de machismo en el interior”, asegura. Cuenta, por ejemplo, que las mujeres insurgentes del ELN que quieren ser madres no tienen restricciones y pueden tener de uno a tres hijos, aunque algunas compañeras de Tapias han tenido más de tres.

De la misma manera reconoce que la violencia del conflicto armado ha impactado en mayor medida a las mujeres, pero dice que son ellas las que “en últimas van marcando el cambio social, cultural y político en las sociedades y en la humanidad”. Quizás por eso, Tapias señala que “urge feminizar la paz”.

Por lo pronto, en el discurso de la guerra, Tapias se sostiene en que “la lucha armada en Colombia todavía sigue siendo necesaria” y agrega que “no hemos superado este estado de gobierno y de dominación”. Otra cosa es hablar sobre la abolición del secuestro como forma de lucha insurgente, una de las peticiones humanitarias que se le han hecho al ELN en múltiples ocasiones, puesto que en ese tema evita cualquier referencia.


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Por el contrario, habla de la masacre de Machuca, que el pasado 18 de octubre cumplió 29 años y donde fallecieron incineradas 84 personas, la gran mayoría menores de edad, cuando el ELN detonó el oleoducto Cusiana-Coveñas, aledaño a esta vereda del corregimiento de Segovia (Antioquia). “Siempre hemos dado la cara como organización revolucionaria que reconoce sus errores”, dice, e insta al Gobierno a reconocer también a sus víctimas: “Verdad toda, verdad todos”.

Quizás lo más relevante en este momento del proceso de paz con esta guerrilla es el convencimiento que expresa Tapias sobre la importancia de poner fin “a la cultura de la violencia que ha sido inculcada en la mente de todos los colombianos y colombianas durante muchos años”. Hace una pausa y agrega: “La violencia retrocede, ante todo, con paz, paz y paz”.

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