Foto: Partidocambioradical.org

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Este artículo fue originalmente publicado en Vice Colombia

Por: Andrés Páramo Izquierdo

Vean la foto que acompaña este artículo. Háganlo con detenimiento. Recójanse en su casa y arrópense debajo de las cobijas. Amigos míos, es posible que este monigote, el que está en la mitad de la gente, incómodo entre ella, disfrazado de colombiano con un sombrero que no le luce, sea el próximo presidente de Colombia. Ha recogido los méritos suficientes. Es el primero en las encuestas.

Falta tiempo.

Pero estemos pilas.

Vargas Lleras supo desprenderse muy rápidamente de la imagen que nos dio en 2010. Este que ven ustedes en la foto de portada es otro Germán Vargas Lleras: a nivel físico, a nivel mental, a nivel simbólico. ¿Se acuerdan de él en esas épocas? ¿Se acuerdan de esos años, cuando Colombia no iba al Mundial, y las opciones más sonadas para ocupar el cargo de presidente eran Juan Manuel Santos y Antanas Mockus?

Bajo el lema ‘Mejor es posible’, avalado por el partido Cambio Radical (su partido), en 2010 Germán era un candidato impresionante: parecía tener claros todos los temas. La salud, la educación, la vivienda, la infraestructura vial. A la par se refería a su programa de gobierno de manera constante, al cual él mismo definía como la mejor ruta de todas para atender las necesidades de los colombianos. “El programa más completo”, decía sin pena. Y con eso convencía. Libre de ataduras en las encuestas, porque en esa época solo una minoría decía que iba a votar por él, era una fiera en los debates. Eso dio frutos: fue la tercera opción de los colombianos cuando las encuestas lo daban por muerto: sacó 1,5 millones de votos.

Acá pueden al monstruo en acción.

Aunque el resultado fue increíble —todo un fenómeno electoral—, se le quedó corto en sus aspiraciones. Obvio: Vargas Lleras lleva 25 años preparándose para ser el presidente de esta finquita, como insiste en el video que arriba pueden ver, cuando era más joven, intrépido.

En ese ir y venir electoral, yo creo que Germán se dio cuenta de que perdió ante un político sin carisma ni discurso que tuvo la simple suerte de ser el ministro más popular de la era de Álvaro Uribe. El que dio los golpes militares a las Farc, el torpe al hablar, el ministro de Defensa: ese insospechado e insospechable Juan Manuel Santos que terminó por firmar la paz con ellas y pasar a la historia. Una estrategia tremenda, apabullante. De la que se puede aprender.

Una vez de presidente, Juan Manuel hizo lo que le vino en gana, su proyecto de país, volviendo aliados a sus grandes críticos. Repitió almuerzo, además.

Es probable que Germán haya anotado la receta para mejorarla:

1) No solo fue un funcionario popular, sino que sacó réditos políticos de la forma más palpable para un ciudadano corriente, inaugurando carreteras y entregando casas a los pobres.

2) Jamás se metió en el rollo de la paz. Se calló la jeta en el tema que más ha dividido a los colombianos desde que Uribe fue presidente: nunca lo vimos en actos protocolarios, donde era natural la presencia de un vicepresidente, y no recuerdo oírlo hablando del tema por más de unos minutos.

3) Dejó ver una cara que a muchos colombianos les gusta: el brusco macho que coge a su escolta a coscorrones porque algo de él le fastidió.

via GIPHY

(Vean aquí al señor Germán Vargas Lleras, pidiéndole disculpas al pobre escolta Ahumada: véanle a ese empleado los ojitos resignados de hombre que no puede hacer nada ante un rey; oigan al pueblo aplaudiendo a su monarca).

4) Y está lo último. La noticia que hoy reventó las redes sociales: Germán Vargas Lleras renunció a su partido, Cambio Radical, de donde es líder natural y creador (visiten la página oficial del partido para que se den cuenta del nivel de lambonería con el jefe), para lanzarse con firmas, como muchos otros candidatos de esta nueva carnicería. Creo que esto refuerza la idea que dije antes: la receta de Juan Manuel Santos ha sido remasterizada. Se oye y se ve mejor. El próximo presidente de los colombianos es…

Esta semana se inscribirá el comité promotor de la campaña de Vargas Lleras. A finales de junio nos lo había anunciado, de todas formas, cuando le dijo por Twitter a Jorge Enrique Vélez, director de Cambio Radical, que él no había solicitado ningún aval: no había razones para que se lo ofrecieran. La decisión, como dice esta nota de El Espectador, le permitirá “tomar distancia de los escándalos de la colectividad”. ¿De cuáles escándalos se puede separar?

De todos. Todos los que le caben a un partido que irónicamente se llame Cambio Radical: 41 miembros investigados por la justicia, 19 de ellos condenados; a Kiko Gómez, uno de sus famosos representantes, le metieron 40 años de cárcel… Por homicidio, carajo. Una gran columna de Jorge Eduardo Espinosa en El Espectador resume el prontuario de un partido que, como quedó allí dicho, Claudia López califica como “un concierto para delinquir con personería jurídica”.

Bienvenidos, señores, al verdadero cambio.

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