Todas las fotos por: Lucía Romero.

Sobre la avenida Caracas de Bogotá se alza un templo. Es el refugio de ‘La Revolución de la Cuchara’, una organización que busca que Colombia sea más responsable cuando se alimenta.

Por: Lou Guérin

La era de la comida saludable está alcanzando puntos que hace unos años parecían imposibles: la intrusión de la comida sana en la comida rápida —la McVegan de McDonalds, por ejemplo—, las 600 millones personas en el mundo que afirman haber adoptado una dieta vegana, o la mismísima Queen Bee (Beyonce) invitando a sus millones de followers al veganismo. Mientras todo eso pasa, y los vegetales siguen invadiendo al mundo pop que nada en carne y grasa, nos fuimos a ver el otro lado de la tendencia, uno que no ha nacido de una tendencia de Instagram: La Revolución de la Cuchara, una organización que lleva quince años promoviendo el vegetarianismo y el veganismo.

En medio de la bulla de la avenida Caracas, se encuentra un templo Hare Krishna, hogar de La Revolución de la Cuchara, un grupo que empezó en 2003 cuando algunos seguidores del maestro espiritual Srila Guru Maharaj quisieron hacer algo para promover nuevas formas de consumir y alimentarse responsablemente. Decir que el olor del incienso nos abrió el camino hasta el templo sería una mentira descarada, aunque el comité de recepción nos quitaría después, a mí y a Lucía Romero, la fotógrafa que me acompañaba, la dudas sobre el lugar. Frente a nosotras, frente a la puerta, encontramos una mesa llena de libros sobre espiritualidad Hare Krishna acompañados de un joven discípulo chateando en su celular. “Bienvenidas al templo”, nos dijo.

Mientras esperamos a Hari Sankirtan vemos pasar a jóvenes mujeres vistiendo trajes tradicionales coloridos, llamados sari, y hombres en túnicas. Más tarde, hablando con Hari Sankirtan, me enteraría de que son alumnos del líder espiritual del templo. Después de unos minutos de idas y venidas de hombres parcialmente rapados y la compañía de las imágenes de dioses risueños, subimos al solarium. Bañados de sol empezamos la entrevista con Hari Sankirtan, uno de los fundadores de La Revolución de la Cuchara.

Hari Sankirtan. Foto por Lucía Romero.

—¿Cómo definiría a La revolución de la Cuchara?

—Nos gusta definirla como el espíritu de enfocarnos en la importancia que tiene la alimentación o el cuidado de los animales para influir sobre la transformación social.

Para Hari Sankirtan —quién tomó ese nombre en su “renacer espiritual” cuando se convirtió a la religión Hare Krishna— el acto de no comer carne, más allá de reivindicar la igualdad entre los seres humanos y los animales, es un acto político multiforme. A la fecha, cientos de encuestas han demostrado los efectos negativos del consumo de carne sobre la salud, y decenas de documentales, como Forks Over Knives, Meat the truth y Cowspiracy, resaltan el peligro de la industria alimenticia y sus consecuencias sobre el ser humano.

Hari Sankirtan me repite varias veces durante la entrevista que en tiempos de internet no puede haber un habitante del planeta que se pueda esconder detrás de una supuesta ignorancia frente a esos datos.

—¿Cual es su postura frente a la política colombiana y el monopolio de la ganadería?

—Lo que le decimos a los dos bandos políticos es que si no revisan la alimentación van a estar en una gran contradicción, porque el problema es que la tierra que se utiliza solo para la ganadería podría ser mucho más productiva en términos de comida si se siembran en ella productos agrícolas.

El líder de la organización afirma, al igual que muchos estudios, que las externalidades de la ganadería son negativas y tienen implicaciones reales en la contaminación de los ríos y el daño de los suelos. Así, la FAO reconoce el vínculo directo entre deforestación y ganadería, mientras un estudio internacional realizado por científicos de Kenia, Australia y Austria reconoce que el 75 por ciento de las emisiones de CO2 provienen de la ganadería y otros rumiantes.

Interior del templo Hare Krishna. Foto por Lucía Romero.

En el caso de Colombia y otros países el problema se ha desatado desde la llegada de los conquistadores, quienes se apoderaron de grandes cantidades de tierra para poner ganado en ellas. Desde entonces se vienen presentando las históricas peleas que resultan del hecho de que las grandes extensiones de tierra se encuentren en manos de pocas personas mientras que muchas otras no tienen dónde sembrar. No obstante, hacer otro uso de la tierra no le conviene a esos ganaderos poderosos, quienes se hicieron sentir, claro, cuando en el país se empezó a hablar de reforma agraria. Solucionar los fracasos de la colonización con las comunidades indígenas, redistribuir la tierra de forma más igualitaria, o cambiar las formas de uso de la tierra eran metas que al ser contempladas por el Gobierno colombiano fueron derrotadas varias veces por los grandes lobbies de la agricultura.

—Hay una entrevista que le hicieron al dirigente de Fedegan relativa al proceso de paz —dice Hari Sankirtan—. Él mismo dice que Fedegan fue fundado para frenar la idea de la reforma agraria y, así, volverse un grupo poderoso. Entonces,el grupo se queja un montón diariamente de que la política se hace más complicada, pero si uno revisa quién patrocinó a los grupos paramilitares en Colombia va a ver a los ganaderos detrás. Es un problema de tierra, que se asume como una pelea: quién tiene la tierra y quién nos la quita.

La Revolución de la Cuchara no se satisface con tener un discurso político comprometido, el objetivo primero de la organización es educar. Pero esa discusión dista de ser igual al discurso pro vegetariano o vegano que varios y varias de nosotros han tenido que aguantarse de algún amigo y que suele sentirse insultante e inquisidor por no ser parte de una especie de “club de seres humanos supremos”. La Revolución de la cuchara lo hace distinto: la organización trata de romper el hielo con sus nuevos afiliados por medio de charlas y clases de cocina. En las charlas, los miembros de la organización hablan sobre las razones por las que dejar la carne es una forma de mejorar el medio ambiente y de cuidar la salud. De esa manera, el problema se vuelve personal y genera aún más implicación por parte de los recién llegados.

Retomando el problema del veganismo agresivo, Hari reconoce que “muchas personas no se vuelven vegetarianas o veganas no tanto por los argumentos sino porque la persona que le habló del tema le caía mal, porque era sumamente fastidioso”. Para contrarrestar eso, dice, La Revolución de la cuchara acompaña a la gente en su transición alimenticia, una estrategia que implementaron cuando fueron notando que muchos se sentían perdidos y no sabían cómo actuar. Así surgió el concepto de carnívoros anónimos, una forma de referirse a aquellas personas que quieren dejar la carne pero no pueden.

Foto por Lucía Romero.

Luego, a la labor de la organización se añadieron los conversatorios y las clases de cocina como una manera de informar sobre el aparato de producción alimenticio en general. Eso va acompañado por la promoción de comprarle al campesino y la cultura de la siembra, prácticas que incentivan a la gente a reconocer que no todo lo vegetariano, por ser vegetariano, es bueno.

—¿Cuáles son los vínculos entre La Revolución de la cuchara y el movimiento Hare Krishna?

—La Revolución de la cuchara ha reconocido la inspiración de los yoguis, algo que no hemos hecho solamente nosotros: el movimiento animalista en Estados Unidos creció gracias al movimiento Hare Krishna, lo dice el Vegetarian Times. Si miramos a los grandes influencers del mundo, Paul Mccartney y Steve Jobs, ellos fueron vegetarianos por su contacto con la India. Ambos comían en restaurantes Hare Krishna.

Pero Hari aclara que son dos cosas distintas y que no hay que raparse la cabeza y ser Hare Krishna para ser parte del movimiento de la cuchara. Además, afirma, las cosas tampoco son tan estrictas en términos de alimentación para los Hare Krishnas quienes son “mucho más amigos de la leche” ya que al venir de las vacas, consideradas animales sagrados en India a los que se les da buen trato, es permitido tomarla.

De cualquier forma, “el movimiento de la revolución” —como también se le llama a la organización— sí combina un estilo de vida saludable con una espiritualidad particular. Aunque no todos sean Hare Krishnas se puede entender llegando al templo la importancia de la correlación entre lo que se come en el plato y la realización espiritual, principio fundador del movimiento. Una comida favorable permite la práctica del yoga y la meditación. Seguro realizar algunas posturas, en ciertos casos muy técnicas, puede ser difícil con una hamburguesa en la panza.

—¿Por qué no acercarse a la espiritualidad de los pueblos indígenas ya que estamos en Colombia y en Suramérica?

—Es muy raro porque cuando tú le preguntas a un indígena tradicional qué opina del hombre blanco, dice: “hermanito menor, por sus costumbres poco cuidado a la tierra”. Ahora los Hare Krishnas conocen a las comunidades ancestrales y se han dado cuenta de que la cosmovisión indígena es exactamente la misma a la cosmovisión Hare Krishna.

Hari además me contó que el próximo año varias comunidades indígenas de América viajarán a la India a una kiva —un rito ancestral dedicado a la madre tierra—  que realizarán junto a personas de la India en el Kumbha Mela, un festival hindú de purificación. Y agregó que piensa que la discusión y la dicotomía no está entre los saberes ancestrales de aquí y los saberes ancestrales de allá, sino entre oriente y occidente, entre lo moderno y lo ancestral.

—El hombre moderno tiene una autoridad que pasa por encima de lo ancestral, de las abuelas, y que dice que el cuento de la tierra es de puros hippies, que lo que hay que hacer es desarrollar la técnica y la ciencia para dominar esa tierra.

Estatua del templo Hare Krishna. Foto por Lucía Romero.

En sus 15  años de existencia, La Revolución de la Cuchara ha revestido varias identidades en el país de un compromiso político fuerte: uno que entiende que la alimentación no es un asunto inocente y neutro, sino una actividad política frente a la que no se puede izar la bandera del desconocimiento. El trabajo de la organización ha sido un proceso largo que aún hoy sigue cuestionando al propio movimiento animalista al que pertenece.

Por nuestra parte, terminada la entrevista, abandonamos el templo y su serenidad para volver a la realidad de la comida chatarra, de la gente con prisa y de los mataderos lejanos y ocultos, los que no tienen paredes de cristal, como decía el beatle.

 

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