Fotograma de ‘Garzón vive’ | Still vía YouTube

Este artículo fue originalmente publicado en VICE, nuestra plataforma madre. Se trata de un análisis  sobre la primera semana al aire de la serie ‘Garzón Vive’,  escrito por el periodista Felipe Sánchez. 

Por: Felipe Sánchez Villarreal

Garzón Vive no es, como asumo que soñaban algunos actores y miembros del equipo de producción, un “adiós de carnaval” para Jaime Garzón. Está lejos de serlo, por más de que hayan elegidoCanela de César Mora —la canción que cantó Garzón en el programa “Yo, José Gabriel”, días antes de que lo mataran— como el motivo central del programa.

No creo que sea tampoco “enlodar su memoria”, como dijo Marisol Garzón, su hermana, apenas se anunció que el canal estaba planeando una telenovela sobre su vida. No es ni lo primero ni, aunque se ericen los exasperados enemigos de RCN, lo segundo. Es otra cosa. No una memorable serie de piezas audiovisuales, no, pero sí algo que merece una mirada más atenta. Una mirada que parte de la incontable cantidad de preguntas, escozores y silencios que los debates sobre su salida al aire nos han hecho trepidar en la cara: los usos y batallas por la memoria, la transacción porosa entre las vidas ejemplares y los modos como son representadas, las disputas simbólicas por la verdad y sus reconstrucciones.


Lea también en ¡Pacifista!:

7 frases del disgusto de la hermana de Jaime Garzón con RCN


Lo primero que uno se pregunta es por qué. Lo primero y, quizá, lo más importante. Por qué decidió RCN emprender la atlántica tarea de dramatizar la vida de Jaime Garzón, un héroe de este país. Más aún: por qué, conociendo la reputación —de presunto sesgo ideológico, de filiación política— que precede al canal en la arena pública, decidió financiar y lanzar una ficción biográfica de uno de los más complejos y disputados personajes de nuestra historia reciente. Por qué, se pregunta uno. Por qué en este momento “el canal del establecimiento”, como se lo percibe en el vox populi, quiso enganchar televidentes con Garzón, el humorista mordaz, el irreverente, el de las pullas a las clases dirigentes, el del crimen que todavía no se ha esclarecido por completo. Por qué meterse en el bollo de rellenar arbitrariamente los huecos de un caso que lleva casi veinte años impune, sin verdad, sin certezas, sin justicia.

Uno podría pensar que fue cosa de rating. Que, con la sonada crisis en el canal, lo mejor era recurrir a una fórmula que había probado ser exitosa en Colombia: la bionovela. A pesar de que a Caracol ese formato le había funcionado como ninguno (por ejemplo, con Escobar: El Patrón del Mal o, ahora, con Tarde lo conocí, sobre la vida de Patricia Teherán), las experiencias recientes de RCN habían sido desastrosas. Todo es prestao, sobre la vida de Galy Galiano, apenas les duró tres meses por falta de audiencia y El Comandante, la serie sobre Hugo Chávez protagonizada por Andrés Parra, también terminó mochada y sepultada en la franja de la medianoche. Quizá, a diferencia de las demás, la figura mítica de Garzón prometía ser un éxito indudable para la cadena y prometía, además, convocar a una audiencia nueva —una que, si no fuera por alguien como Garzón, nunca sintonizaría el canal—.

Lea el artículo completo de Vice Colombia en este enlace

ARTÍCULOS RELACIONADOS