Memorial del Holocausto en Miami / Imagen vía Dennis Goedegebuure

Por Juan C. Herrera*

Hay algo admirable de ciertas sociedades y es la capacidad de transformar su realidad sobre la base de ideas o conceptos.. Para muchas personas la no muy grande pero potente estatua ubicada en la bahía de New York; plasmó en cobre y hierro una de las ideas centrales de la revolución americana y francesa: La libertad. Asi mismo, a finales del siglo XIX una torre de hierro y sin mayor funcionalidad que la radiodifusión, simbolizaría no solo para la sociedad francesa sino para muchas otras partes del mundo, la posibilidad de una nueva noción: la modernidad.

Torre Eiffel, París /imagen vía Twitter @Alan Firth

El Nuevo Acuerdo de Paz contempla la construcción de monumentos y medidas materiales y simbólicas para las víctimas así como obras de infraestructura y arquitectura conmemorativa. La fragilidad con la que la implementación del Acuerdo ha iniciado, requiere de una ayuda simbólica a lo largo no solo de ese proceso sino de cara al resto del siglo.  

¿Cuál será la arquitectura conmemorativa y los símbolos de ese hecho histórico? ¿Cuál será el rol del pasado y del futuro en su concepción? ¿Cuál podría ser la idea simbólica para el posconflicto?

Resulta clave enfrentar el futuro sobre la base de una idea que no solo se refiera al conflicto de las últimas décadas, sino a la erradicación de las causas de la violencia y la intolerancia. Las violencias, vengan de donde vengan; de las Farc, paramilitares, narcotráfico, partidos políticos… pero sobre todo las del día a día.  

En muchos otros lugares es posible encontrar iniciativas orientadas a simbolizar ideas de las cuales nos podríamos inspirar para crear las propias. Ya sea para no olvidar el pasado o para soñar un futuro mejor.

La palabra paz va más allá del símbolo de una paloma blanca y sería clave ligarla a la alteridad. La condición y respeto por el otro es un concepto, no en vano, trabajado por grandes filósofos colombianos. Para Estanislao Zuleta el otro” en nuestro sistema es sinónimo de enemigo y nos cuesta demasiado tomarlo en serio. Para Carlos B. Gutiérrez respetar al otro es la tarea básica “…tanto para los individuos como para los pueblos y los estados. (…) De lo que se trata es de reconocer la radical e inconmensurable singularidad del otro y de recuperar un sentido de la pluralidad que desafíe cualquier fácil reconciliación total”.

Decidir el diseño y la ejecución de los símbolos del posconflicto determinará muchos aspectos del futuro del país y la región. Además, que, al no ser un aspecto técnico del Acuerdo, serviría para ampliar la participación de todas las partes. En ese sentido, más que señalar el cómo quisiera reflexionar sobre algunos elementos mínimos.

La ubicación y la descentralización de las estructuras

Cerro de Guadalupe, Bogotá / Imagen vía Oscar I. Pérez

No es fácil encontrar en el mundo una capital que ubique los poderes centrales (judicial, legislativo y ejecutivo) en una misma calle. Bogotá es uno de esos lugares. Sería interesante que los símbolos de posconflicto rompan con esa excesiva centralización.

Por ejemplo,  desde el centro de la ciudad y desde muchos otros lugares del sur, el norte y el occidente es posible observar el cerro de Guadalupe. De ser viable, esta zona sería un buen lugar para construir el o los “símbolos” que ayudarían a que toda la ciudad recordara el conflicto y la necesidad del respeto por el otro.

Sin embargo, resulta fundamental desbogotanizar la idea. Hay un símbolo común en casi todos los rincones del país y es la existencia de una plaza central, que usualmente lleva el nombre de un hombre. ¿Por qué no rebautizarlas  con nombres alusivos a la alteridad y la paz?

 

La constante transformación y participación colectiva

Sagrada Familia, Barcelona /imagen vía Michal Jarmoluk

Inspirado en la idea de constante construcción y de larga duración, el ejemplo de la Sagrada Familia en Barcelona resulta interesante como referente. Se trata de un edificio que no se construye por un solo arquitecto ni en un solo tracto sino por muchos coarquitectos, trabajadores y voluntarios en distintas décadas. Además, la adaptación de dicha iniciativa más que pensada para vetar ideas, podría ser el crisol de otras. Las que nos gusten y las que no.

Un lugar que no se limite al pago de una entrada, tomar unas fotos, mirar al pasado con estupor y continuar con el siguiente destino turístico. Dada la diversidad del conflicto colombiano, la construcción colectiva es un ejemplo inspirador de la oportunidad de confluir distintos orígenes sociales y políticos a la elaboración de símbolos y acuerdos necesarios. Ideal también que no sea el diseño del arquitecto X o del artista Y, sino de un abecedario amplio de participantes.

De la financiación

Dado que el posacuerdo contempla otras inversiones prioritarias y el presupuesto para símbolos será limitado, se podría pensar en diseños como los del arquitecto Alejandro Aravena. Estructuras que cumplan unos mínimos y que puedan ser mejoradas en el futuro. Además, habría la posibilidad de autofinanciarse con los ingresos del turismo, donaciones y asociaciones público-privadas. También podría ser una fuente laboral y de reinserción social para actores y víctimas del conflicto. Todo bajo la presencia simbólica de una constante y detallada construcción colaborativa.

El centro de innovación de la Universidad Chile, diseñado por Aravena

Los materiales y las dimensiones

La idea de la artista Doris Salcedo de tejer, podría ser extrapolada a muchos otros materiales como el hierro, tierra, sangre, madera, fuego y agua. Los elementos descritos y la creatividad permitirían un amplio número de posibilidades para materializar la idea y racionalizar los recursos y las etapas de ejecución de las estructuras de base. No se puede dejar de pensar en grande ni mucho menos pasar la página como si se tratara de la construcción de una estructura más. Se trata de uno de los acordes de la banda “sonora” o “simbólica” que nos acompañará a lo largo del siglo por construir.   

Segunda oportunidad

Sin lugar a dudas son muchas más las aristas por desarrollar en una propuesta de esta envergadura. La intención de este escrito es simplemente señalar unos mínimos y de paso recordar la importancia de los símbolos en medio del difícil inicio de la implementación del Acuerdo de paz.

Ante los desafíos de este oscuro inicio de siglo, no resulta del todo descabellado soñar con esa utopía contraría que permita iluminar la segunda oportunidad que tenemos como sociedad condenada a cien años de soledad. Esta segunda oportunidad ofrece no solo la construcción de edificaciones que simbolicen ideas; sino con actos materializar esas ideas.

 

*Docente e Investigador Doctoral. Universitat Pompeu Fabra, Barcelona.

ARTÍCULOS RELACIONADOS