Imelda Daza. Foto: Marcha Patriótica

La vida política, y personal, de Imelda Daza se divide entre Colombia y Suecia, país que le dio asilo político después de salir corriendo amenazada de Valledupar, ciudad en la que nació. Fue allí mismo donde empezaría su carrera política como la primera mujer que hizo parte del Concejo Municipal de Valledupar, a mediados de los 80. En ese momento ya era amiga cercana de Ricardo Palmera —quien años después se uniría a las Farc con el alias Simón Trinidad—. Junto a él, y a otros profesores y jóvenes, había ayudado a fundar la Universidad Popular del Cesar y el movimiento Causa Común, que después se integraría a la Unión Patriótica.

Fueron siete concejales y un diputado de la Unión Patriótica los que serían elegidos en las votaciones del 25 de mayo de 1986 en Valledupar, incluyendo a Daza. Al final, de esos ocho, solo ella sobreviviría al exterminio que, en total, acabó con 125 integrantes de la Unión Patriótica en el Cesar. Después de varias amenazas, que incluyeron una corona de flores con la invitación a su propio funeral, huyó en 1988 a Perú, donde no consiguió asilo político, lo que eventualmente la llevó a Suecia, donde vivió 26 años junto a su esposo e hijos.

Sin embargo, el exilio no acabó con su interés político. Se vinculó al Partido Social Demócrata sueco y ejerció como concejal por 12 de los casi 30 años que vivió allí. Además, fue candidata al Parlamento Sueco en tres ocasiones y fue profesora de la Universidad de Jönköping, una ciudad del sur de ese país, donde también fue directiva regional del partido político al que pertenecía.


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“He hecho el mejor doctorado de mi vida en estos 25 años”, le dijo Daza al periódico El Heraldo sobre su vida en Suecia y el conocimiento de primera mano con el modelo democrático sueco.

Solo hasta enero de 2017, con 67 años, Daza regresaría a Colombia, específicamente a Valledupar, con la intención de ser candidata a la Gobernación del Cesar, una apuesta avalada por la Unión Patriótica y apoyada por Alianza Verde, MAIS, el Polo Democrático, entre otros. Su plan de gobierno hacía especial énfasis en ampliar programas de salud y de educación, reforzar el sistema de hospitales públicos y mejorar los programas de “seguridad, gestión económica y equitativa, mujer, género y diversidad sexual”, dice otra nota de El Heraldo. Al final, sumó 8.300 votos que no le alcanzaron para ser elegida.

En 2016 se volvió miembro del Movimiento Voces de Paz, el grupo que hace veeduría sobre el cumplimiento de los Acuerdos de Paz por parte de las Farc.

“Es la única integrante costeña de Voces de Paz (…) y juega un papel importante en las discusiones que le restan al legislativo para los temas gruesos de la agenda de implementación, como la Ley Estatutaria de la JEP, la Ley de Tierras, las Circunscripciones Especiales para La Paz y el marco normativo de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET)”, dice una nota de La Silla Vacía que la identifica como una de los diez líderes en el Caribe para la implementación de la paz.


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Cuatro meses antes de que se anunciara que sería ella la fórmula vicepresidencial de Timochenko, Daza ya había expresado en una entrevista con la revista Semana sus preocupaciones y apreciaciones de la campaña electoral. Entonces, hizo énfasis sobre la agresividad de quienes se han opuesto al proceso de paz y la importancia de crear un nuevo clima para que se desarrolle la democracia y se adopte el discurso de paz.

“Sin duda, si las cosas siguen como hoy, si el paramilitarismo no se frena el peligro es enorme. Si los voceros del Centro Democrático no le merman a su agresividad, en el país se pueden estar generando situaciones complicadas. Yo confío en la sensatez del pueblo colombiano y que se impondrá la opinión de una mayoría que quiere paz con justicia social”, le dijo a esa revista.

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