Por: Natalia Otero Herrera.
Fotos cortesía: Jaime César Espinosa. 

 

Yo quiero contar mi historia, porque cuando la cuento, descanso.

Esta es la voz que se escucha al inicio de la mini serie “Las niñas de la guerra”. Su relato y el de otras 19 niñas que formaron parte de los grupos armados ilegales (desde las FARC, AUC hasta las bacrim) son los que componen los cinco episodios de esta animación.

En 2013, Jaime César Espinosa y Yoleiza Toro, estudiantes de la maestría en Diseño y Creación Interactiva, de la Universidad de Caldas, en Manizales, tenían la idea de mostrar en un cortometraje las historias de estas niñas que hacían parte del programa Hogar Tutor, del Instituto de Bienestar Familiar. Pero fue imposible: el nivel de barbarie y dolor que había en ellas era demasiado fuerte, y ninguna estaba dispuesta a hablar de ello. Entonces, vieron en la animación la posibilidad de ocultar su identidad, de intimar en sus historias y conectarse, a partir de los relatos, con su mundo interior, sus sueños, pesadillas y recuerdos. Así, con la producción de HIERROANIMACIÓN, crearon “Las niñas de la guerra”.

Jaime César, su director, huyendo a la macabra maña de los documentalistas de montar una cámara, extraer la historia e irse, decidió “ invertir el proceso y crear un entorno en el que fueran ellas las que se aproximaran a nosotros para que así las historias llegaran sin que las buscáramos. Y así fue”, comenta.

Por ello, trabajaron con las niñas durante 13 meses dictándoles talleres de expresión corporal, de recuperación de la confianza y de herramientas narrativas que después, cuando tuvieron la cercanía suficiente, aplicaron para contar su historia. Las niñas habían sido traicionadas y, algunas, habían tenido que traicionar, y por eso su confianza estaba por el piso. Además, tenían fronteras con sus propios cuerpos porque la violencia les había creado miedos que las hacían sentir incómodas con el espacio propio y compartido.

 

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Foto cortesía de Jaime César Espinosa

 

“Una chica llegó con muchos problemas psiquiátricos y al final de los talleres se dio cuenta de que esa rigidez que tenía podía modificarse de acuerdo a lo que ella quisiera”, recuerda Yoleiza, quien además de ser la directora de actores de la serie, dictó los talleres de corporalidad. “Les dimos también un taller de maquillaje y lo más importante es que lograron acariciar el rostro de otra persona de una manera diferente y se dejaron tocar el suyo con pinceles y pinturas manejados por alguien más”.

La idea de los talleres era romper los obstáculos físicos y emocionales para que en el proceso de reinserción a la sociedad estuvieran en la capacidad de convivir con el otro sin miedo y descansar al relatar sus historias.

No hicieron entrevistas clásicas con ellas. Al final de los talleres, se creó una conversación espontánea y los realizadores unieron fragmentos de relatos que tenían puntos en común y crearon los episodios.

“El hecho de ser capaces de hablar de lo que les pasó significó para ellas tener control sobre su historia. Este proyecto les ayudó a aceptar una nueva fase de su existencia para la entrada a la vida civil y enfrentarse con el pasado para darle cierre”, comenta Carlos Smith, productor de la serie.

“Las niñas de la guerra” reúne los testimonios de niñas que, incluso antes de entrar a los grupos armados, ya eran víctimas. Todas tienen en común que vienen de zonas rurales y, a pesar de sufrir el reclutamiento forzado, no se fueron por imposición de los comandantes, sino porque las circunstancias en las que estaban en sus hogares, las obligaron a hacerlo. Hoy todas están en proceso de reinsertarse en su comunidad.

“Una de las chicas nos decía: ‘Mire, yo me fui a la guerra para escampar de mi casa’, y después de haber salido del monte se sostenía en que era mejor la guerra que su hogar, porque en él no había reglas. En algún momento estaremos rodeados por gente que vienen de la guerra y tenemos que aprender a construir este país entre todos”, explica Jaime.

 

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Foto cortesía de Jaime César Espinosa

 

Cada capítulo tiene una duración de siete minutos y está dedicado a un eje dramático de la guerra. El primero habla sobre la violencia que las chicas viven en sus hogares. El segundo, narra la historia de un comandante convertido en padre y cuidador, pero, a la vez, en creador de animales de guerra. El tercero, hace énfasis en la fantasía y los mitos que se crean en las niñas al interior de los grupos armados. El cuarto, es un homenaje a las madres luchadoras que hacen todo por rescatar a sus hijas. Y el quinto, muestra las consecuencias orgánicas que tiene el trauma de la guerra y la dificultad para reinsertarse en la vida civil.

Este es un proyecto que arrancó con el apoyo de la convocatoria Crea Digital, del Ministerio de Cultura, pero la aspiración de los realizadores es llegar a doce capítulos para presentarla a Señal Colombia. Su sueño es que los colombianos, a través de ella, aprendan a reconocer al otro y comprender las historias detrás para no juzgar.

“En este proceso aprendí más de ellas que ellas de mí. Aprendí a ver lo que está pasando en el país, a ser tolerante y a darle otra oportunidad de vida a los que se la merecen”, comenta Yoleiza, y Jaime remata con una frase que bien pudo ser el título de la serie: “nadie sabe con la sed que vive otro”.

 

 

Las Niñas de la Guerra (Teaser) from HIERROanimación on Vimeo.

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