Las mujeres guerrilleras piden que se les tenga en cuenta en la implementación del Acuerdo de Paz entre el Gobierno y las Farc. Foto: Dejusticia

Este artículo es producto de la alianza entre ¡PACIFISTA! y DemocraciaAbierta. Lea el contenido original aquí.

Por Kiran Stallone

“Paso al frente de sus esteras. Inhalar; levanten sus brazos hacia arriba, expandiéndose, hacia arriba. Exhalar; dóblense sobre sus piernas, palmas de las manos al piso”. Estamos en clase de yoga. Mientras acompaño a mis estudiantes a través de las posturas básicas del saludo yogui al sol, una alumna, al no poder equilibrarse sobre una sola pierna, o tocar el piso, suelta una risa. Su nombre es Marilú, y cuando le sugiero una postura alternativa, me sonríe.

Su error no es inusual para una clase de principiantes. Pero Marilú, de 49 años, está lejos de ser la típica estudiante de yoga. Por el contrario, es una combatiente de las Farc, encarcelada en el Buen Pastor. Ha pasado la última década entre rejas, condenada por terrorismo y homicidio agravado por participar en la explosión un coche bomba en un recinto militar, en 2007.

Desde febrero de este año, aproximadamente 6.900 combatientes de la guerrilla han llegado a las 23 zonas de desmovilización habilitadas por todo el país y contempladas en el acuerdo de La Habana. Y en en esta cárcel, mujeres como Marilú ya han visto a muchas compañeras de cárcel ser liberadas hacia estas zonas en las últimas semanas. Ella, junto a otras 28 mujeres excombatientes, permanecen tras las rejas, esperando ansiosamente que les llegue su turno de salir.

Entrada de la cárcel ‘El buen pastor’ en Bogotá. Foto: Kiran Stallone

Dentro de El Buen Pastor

Dentro de la prisión de el Buen Pastor, las prisioneras de las Farc están separadas del resto de las reclusas. A las mujeres encarceladas por robo o por tráfico de drogas se les permite caminar libremente por las principales áreas de la prisión, pero las presas políticas están encerradas detrás de una gran puerta metálica, en cuartos separados, en una área conocida como el Pabellón 6.

La entrada al pabellón es intimidante, y está fuertemente vigilada. La puerta de metal se abre a un patio interior, rodeado de dos plantas de habitaciones con paredes de color rosa brillante y verde. En el patio, algunas mujeres juegan baloncesto, mientras que otras se sientan frente a sus habitaciones, trenzándose el pelo las unas a las otras.

Las mujeres usan ropas civiles, y de todas las ventanas y puertas cuelga ropa de colores puesta a secar. El olor de las verduras fritas y la carne proviene de la cocina adyacente, donde preparan sus comidas. Hay también una pequeña biblioteca.

¿Quién está haciendo yoga?

Empecé a dar clases semanales de yoga aquí en abril de 2017, como voluntaria de la Fundación Teatro Interno. Creada por la actriz colombiana Johana Bahamón, la fundación trabaja en prisiones de todo el país, utilizando yoga, teatro y danza para paliar las consecuencias psicológicas del cautiverio, y para mejorar las posibilidades de reconciliación y reintegración, una vez liberadas.

Tan pronto como entro por la gran puerta metálica del Pabellón 6, una de las mujeres grita: “¿Quién está haciendo yoga?” Las mujeres abandonan sus tareas y llegan con esteras improvisadas, saludándome con besos en la mejilla.

Mientras ensayan diferentes posturas de yoga, hacen preguntas amables. “¿Cómo puedo obtener un estómago plano?”, “¿Qué puedo hacer para que mi espalda, aquí abajo, no duela?”. Una mujer dice: “Si no hiciera ejercicio, me volvería loca”.

Después de cada clase, tengo unos minutos para hablar con ellas. Con un pequeño cuaderno de notas, el único objeto con el que se me permite entrar en la prisión. Así he podido documentar algunas de sus historias, y conocer sus planes para el futuro.

Algunas dicen que tienen la intención de regresar a sus familias. Muchas esperan involucrarse políticamente a medida que las Farc pasen de ser un grupo armado a convertirse en un partido político. Todas destacan que todavía apoyan la visión política del grupo guerrillero para Colombia.

¡Aún estamos aquí!

“¿Cuándo nos dejarán ir? Por favor, dígame cuándo nos dejarán ir “, exigió Doris, de 50 años, la semana pasada, exclamando:”¡Todavía estamos aquí!” Esta semana supe que fue liberada, y que ahora está en una zona de desmovilización.

Doris formaba parte del Bloque Iván Ríos, una sección Farc famosa por su control de las rutas de narcotráfico. Pasó 14 años en prisión, tras ser capturada en Medellín, mientras intentaba llevar a cabo lo que ella califica, vagamente, como un “trabajo especial”.

Antes de ser liberada, Doris me contó que estaba ansiosa por volver a trabajar para que la causa política de las Farc avance. Doris me dijo: “Las Farc no están en proceso de desmovilización, sino en un proceso de movilización y transición hacia una fase política distinta”.

Marilú también dice que quiere “trabajar para alcanzar las causas políticas de las Farc en la sociedad, ocupando un nuevo espacio y asumiendo un nuevo reto”. En particular, quiere estudiar comunicación y derecho, y “servir a las Farc dentro del nuevo partido político”.

El futuro de Marilú es incierto a pesar de su esperanza de salir, pero esto no es razón para que ella y sus compañeras presas dejen de hacer planes personales y políticos. Por el momento, nuestras clases de yoga continúan. “Inhalad; doblaros, vértebra a vértebra. Exhalad; llevaros la palma de la mano al corazón. Namasté.”

ARTÍCULOS RELACIONADOS